
Resulta incalculable el número de cantares de gesta modernos habrá protagonizado Marc Márquez.
10 de junio de 2026 (19:00 CET)
Marc Márquez entra victorioso en la meta de Balaton
“El Cid Ruy Díaz soy, que yago aquí encerrado
y vencí al rey Bucar con treinta y seis reyes paganos.
De estos treinta y seis reyes, veintidós murieron en el campo;
los vencí en Valencia después de muerto encima de mi caballo.
Con esta son setenta y dos batallas que vencí en el campo.
Gané a Colada y a Tizona: por ello Dios sea loado.
Amén”.
Así rezaba el llamado ‘Epitafio épico del Cid’, un breve poema de finales del siglo XIV en San Pedro Cardeña que se utilizó como inscripción la tumba de Rodrigo Díaz de Vivar, el Cid Campeador y que está considerado como el último testimonio de los cantares de gesta, esas epopeyas de la Edad Media utilizadas para narrar las hazañas de un héroe cuyas virtudes se presentaban como modélicas.
Volviendo al siglo XXI y al paddock de MotoGP, resulta incalculable cuántos cantares de gesta modernos habrá protagonizado Marc Márquez, el gran héroe de la última década y media en el motociclismo mundial; y cuyas hazañas han sido contadas y cantadas hasta la saciedad por trovadores y juglares de todo el mundo.
A estas alturas, resulta imposible saber a cuántos reyes habrá derrotado Marc Márquez el día que se baje por última vez de su caballo de metal; ni cuántas batallas habrá vencido en esos campos de asfalto llamados circuitos.
Marc Márquez ha logrado su victoria 100 en Balaton
Lo que sí se sabe ya, a ciencia cierta, es que un buen porcentaje de esas batallas ganadas y esos reyes derrotados habrán llegado después de que le hayan dado, deportivamente hablando, por muerto.
La leyenda del Cid cuenta que, tras su muerte, ataron su cuerpo a su famoso caballo Babieca y lo colocaron al frente de las tropas cristianas para evitar su desmoralización y, al mismo tiempo, aterrorizar a los musulmanes.
En el caso de Marc Márquez, ya allá por 2020 hubo quienes creyeron que su brazo había ‘muerto’ para siempre. Que sus días de gloria habían pasado y que, de alguna forma, en Honda se agarraban a su figura como un clavo ardiendo, utilizando la RC213V como una moderna Tizona para tratar de infundir temor en los rivales.
A partir de ahí, entre 2020 y 2025, Marc Márquez protagonizó el que seguramente sea el cantar de gesta más épico del presente siglo en el mundo del deporte. Para ello, tuvo que dejar atrás a la Tizona y abrazar esa Colada llamada Desmosedici con el objetivo de seguir coleccionando victorias y agrandando su leyenda hasta el noveno título.
Podría haber sido el final perfecto de su moderna epopeya, pero si hay una virtud que siempre ha prevalecido por encima de todas en la figura de Marc Márquez, es su desmedida ambición. Una virtud que, mal entendida, puede convertirse en vicio y truncar la mejor de las historias; pero que, bien encauzada, se encargar de separar a los grandes competidores de los héroes legendarios.
Marc Márquez celebra su victoria número 100 en Balaton
Por eso, quienes hace unos meses quisieron volverle a enterrar, volvieron a cometer un craso error. Al fin y al cabo, se podría decir que los vertedores de odio de MotoGP son los únicos animales que tropiezan dos veces con el mismo Márquez.
Porque su ambición le llevó a levantarse de nuevo, llevándole por encima del dolor hasta volver al asfalto de batalla. En la contienda de Italia poco pudo hacer más allá de resistir, pero en Hungría volvió a emerger victorioso ante los aspirantes a reyes de MotoGP.
Son ya un centenar de batallas ganadas, 28 más de las que reza el epitafio épico del Cid.
Lo que nadie puede saber es cuántas batallas le quedan por ganar, y si ganará en Valencia aquella que libra en la distancia con ese moderno rey Bucar llamado Valentino Rossi.
Y lo que está claro que, quienes volvieron a enterrarle antes de tiempo, han tenido que volver a guardar silencio. Por el contrario, aquellos juglares y trovadores que cuentan sus hazañas desde hace ya más de 16 años, todavía tienen trabajo por delante. Perdón, tenemos.
