
La llegada de Lewis Hamilton a Ferrari ha sido el acontecimiento deportivo más importante de los últimos tiempos en el mundo del automovilismo y, a pesar de un comienzo poco positivo (un décimo puesto en el GP de Australia y la descalificación en China), el entusiasmo que rodea la nueva aventura del piloto inglés con la escudería italiana no ha decaído.
Entusiasmo que involucra no sólo a los aficionados sino también al propio Hamilton que, tras hacerse viral en las redes sociales con su foto frente a la casa de Enzo Ferrari, acompañado de un Ferrari F40, se relanzó confesando su sueño: “Una de las cosas que realmente quiero hacer es diseñar un Ferrari. Quiero hacer el F44”.
Petición a Maranello
¿Una simple provocación o un deseo destinado a convertirse en realidad? Desde luego, Hamilton no es un empleado cualquiera que mete un papel en el buzón de sugerencias de la multinacional. Y si su piloto estrella (con permiso de Charles Leclerc) y el más laureado de la Fórmula 1 (récord compartido con Michael Schumacher) desea algo, Ferrari no puede ser ajeno.
Vieja escuela
“La base sería un F40 con caja de cambios manual”. Ahí están las palabras mágicas. Caja de cambios manual. Algo que ha faltado en los Ferrari durante décadas. Porque mientras que las transmisiones automáticas actuales cambian de una marcha a otra en un abrir y cerrar de ojos y gestionan el ‘subidón’ de caballos y par de la mejor manera posible, la palanca y el embrague dan un sabor único.
El Ferrari F40 se presentó en 1987 para celebrar el 40 aniversario de la empresa
Fotos: Ferrari
El Ferrari F80 recoge algunos de los rasgos de estilo del F40
¿Ya está todo listo? ¿Están ya trabajando en Maranello para dar forma y sustancia al sueño de su piloto? No. Pero la sensación es que el heredero del F40 (llamado F44 no por casualidad, 44 es el número de competición del piloto británico) se hará ¿Cuándo? “Es en lo que trabajaré los próximos años”, confesó Hamilton. Hay tiempo.
El último del Drake
El F40 ocupa un lugar excepcional en el panteón de Ferrari. De hecho, fue el último modelo homologado directamente por Enzo Ferrari, fallecido en 1988, un año después de la presentación del superdeportivo, que montaba un V8 turboalimentado y se presentó para celebrar el 40 aniversario de la empresa.
Construido con Kevlar y fibra de carbono sobre un chasis tubular de acero, pesaba sólo 1.100 kg y estaba impulsado por 478 CV, descargados al suelo únicamente por las ruedas traseras a través de una caja de cambios manual de cinco velocidades.
Conseguía pasar de 0 a 100 en 3,8 segundos y superaba los 320 km/h. De hecho, llegó a 328, un valor que le permitió reclamar el título de coche de producción más rápido del mundo hasta 1991, cuando el Bugatti EB110 lo superó con 336 km/h.
