La moto todoterreno ochentera de Honda que hace furor y por la que se están pagando fortunas, una atractiva fun bike

La moto todoterreno ochentera de Honda que hace furor y por la que se están pagando fortunas, una atractiva fun bike

El mundo de las subastas y de las modas sigue sorprendiendo con los últimos precios pagados por una sencilla moto de los 80, una humilde monocilíndrica que, a priori, nadie podría imaginar que igualaría o superaría en precio a una superbike…

A mediados de los años 80, Honda decidió explorar un nicho, el precursor de las fun-bikes modernas, motos sencillas, asequibles y divertidas, fáciles de llevar y de estética diferente, como la Honda TR200 Fat Cat –que en inglés significa “gato gordo”.

Fue subastada hace poco en Las Vegas, organizado por Mecum.Mecum

En 1986, la firma del ala dorada lanzó esta moto fun que, a primera vista, parecía el resultado de un cruce genético entre un ATV de tres ruedas de los 80 y una moto de trial, diseñada específicamente para conquistar terrenos de baja tracción como arena o nieve.

A primera vista queda claro que lo que define a la Fat Cat es, sin duda, su calzado. Montaba neumáticos de baja presión con dimensiones generosas (24.5×8 -11 delante y 23.5×8 -11 detrás), lo que le confería esa estética de “ruedas de globo” tan característica.

Su estética es ochentera a tope.Honda

Esta configuración no era solo estética; buscaba una “flotabilidad” máxima en superficies blandas, permitiendo a usuarios de cualquier nivel aventurarse por una playa o las dunas del desierto sin miedo a que la dirección se enterrase.

Simplicidad Japonesa

A nivel mecánico, Honda no buscó reinventar la rueda, sino asegurar la fiabilidad en entornos hostiles, y es que es una moto realmente básica y simple. Su motor es un monocilíndrico de 199 c.c. -4T, aire, 2V, SOHC- a prueba de todo, el mismo motor “eterno” derivado de los quads y trikes ATC200. La transmisión final era por cadena.

Para que cualquiera se atreviese con ella, su caja de cambios de 5 velocidades equipaba embrague automático, además de arranque eléctrico (una bendición para la época) manteniendo el pedal de arranque.

Los neumáticos rechonchos definen su estética.Mecum

En la parte ciclo también era básica, con un chasis de simple cuna abierta combinado con una horquilla convencional dotada de fuelles de goma, y un par de amortiguadores traseros. Para frenar era aún más simple, un par de frenos de tambor.

Pero su estética te cautivaba a pesar de ser una moto sencilla, con su chasis en color blanco, combinado con el asiento azul y el depósito blanco -de 7,2 l-, gritaba estética ochentera por los cuatro costados. Su faro rectangular encajado en una mascarilla y el piloto trasero sobre el ancho guardabarros trasero acaban de rematar su acertado estilo.

Un folleto de la época.Honda

En cuanto a dinámica, su baja altura de asiento -754 mm- la hacía accesible a cualquiera, aunque su geometría de dirección, condicionada por la anchura del neumático delantero, ofrecía una agilidad peculiar: lenta y perezosa en asfalto, pero sorprendentemente estable y alegre sobre arena suelta.

Un legado corto

La producción de la TR200 solo duró dos años (1986-1987). Compitió directamente con la Yamaha BW200 (Big Wheel), pero mientras la Yamaha mantenía un enfoque algo más campero, la Honda se posicionó como el vehículo recreativo definitivo para la familia y el ocio técnico.

Los frenos son de tambor, y se accionan con dos manetas en el manillar. No hay maneta de embrague.Mecum

Hoy en día, la Fat Cat ya es un objeto de culto. Su rareza y la robustez de su propulsor la han convertido en una pieza deseada por coleccionistas que valoran esa era donde la ingeniería japonesa se atrevía a experimentar con formas poco ortodoxas. No era la más rápida ni la más ligera, pero fue, posiblemente, la moto más fun y atractiva de su segmento, y ahora está acaparando mucho valor.

En 2022, un ejemplar en condiciones aceptables, pero a repasar, estaba a la venta por 1.800 dólares; en 2023 los 3.500 dólares ya eran habituales y en 2024 la cosa ascendió hasta los 8.000 dólares. Pero lejos de frenar esta alocada escalada de precios, la Fat Cat ha seguido incrementando su valor.

En la última subasta de la firma Mecum, celebrada en Las Vegas, había dos Honda TR200 Fat Cat a la máxima puja. Una de ellas en un estado casi inmaculado y la otra en un estado aceptable pero con signos de uso. Los precios finales de la puja fueron 12.100 y 11.550 dólares respectivamente, una auténtica locura… Ya sabes, si tienes una, que lo dudamos, ¡ponla a la venta!