Si amigos, el casco también suda. Ahora, os vamos a indicar cómo mantenerlos limpios y frescos durante el verano. Qué, por cierto, «cada vez son más calurosos y húmedos».
El verano tiene muchas cosas buenas para quienes disfrutamos de la moto, pero también un inconveniente que se repite cada vez que suben los termómetros: el calor. Y mientras circulamos, hay una zona de nuestro equipamiento que acaba pagando especialmente caro esas temperaturas elevadas: el interior del casco.
En carretera, con el aire circulando, la situación puede ser relativamente llevadera. Sin embargo, cuando llega el momento de atravesar una ciudad, detenerse en un semáforo o afrontar un atasco, el casco puede convertirse rápidamente en una pequeña sauna. El sudor termina empapando las almohadillas, la humedad se acumula y, si no dejamos que el interior se seque correctamente, aparecen los inevitables malos olores. El típico olor a “brontosaurio”
Por eso, el verano es un buen momento para prestar un poco más de atención a la limpieza del casco. No hace falta convertir cada salida en un ritual de mantenimiento, pero sí adquirir algunos hábitos sencillos que ayudarán a conservarlo en mejores condiciones y, sobre todo, durante más tiempo.
El sudor se queda dentro del casco más de lo que parece
La parte interior del casco está diseñada para estar en contacto directo con nuestra cabeza y nuestro rostro. Las almohadillas absorben el sudor y, con el uso continuado, acumulan también grasa, polvo y suciedad.
Obviamente, el problema llega cuando esa humedad permanece en el interior durante demasiado tiempo. El casco puede tardar bastante en secarse por completo y, especialmente durante los meses de verano, una ventilación insuficiente favorece la aparición de olores bastante desagradables.
La solución más sencilla es no esperar a que el problema aparezca. Siempre que sea posible, después de una jornada especialmente calurosa conviene dejar el casco abierto y en un lugar ventilado para que la humedad se evapore. Si el interior se puede desmontar, retirar las almohadillas, facilita enormemente el proceso.
Y aquí hay una recomendación importante: antes de desmontar nada, conviene consultar el manual del casco. Los sistemas de extracción de los interiores cambian entre fabricantes y modelos, y no todas las piezas están pensadas para recibir el mismo tratamiento.
Agua templada y jabón neutro: la combinación más segura
Cuando llega el momento de limpiar el interior, la tentación puede ser utilizar cualquier detergente que tengamos en casa. Sin embargo, obviamente no todos son apropiados para los materiales de un casco.
Se recomienda utilizar jabón o detergente neutro diluido en agua para limpiar los interiores y se desaconseja productos ácidos o alcalinos, como limpiacristales y sustancias que contengan disolventes orgánicos. Además, algunos productos con alcohol o disolventes pueden deteriorar enormemente determinados materiales.
Por tanto, la idea es sencilla: si las almohadillas son desmontables, se pueden lavar siguiendo las instrucciones específicas del fabricante. En determinados cascos incluso es posible utilizar la lavadora, aunque algunas marcas recomiendan introducir los interiores en una bolsa de lavado y señala que, cuando se realizan lavados frecuentes, el lavado a mano es una opción más cuidadosa.
No es necesario utilizar grandes cantidades de detergente. De hecho, un exceso de producto puede dificultar el aclarado y dejar residuos en los tejidos. Después del lavado, hay que aclarar muy bien las almohadillas hasta eliminar completamente el jabón.
El agua demasiado caliente puede ser un problema
Este es uno de los detalles que más fácilmente podemos pasar por alto. Que una pieza de tejido pueda lavarse con agua caliente no significa que podamos aplicar el mismo tratamiento a los componentes de un casco.
En algunas instrucciones de mantenimiento, se especifica que no debe utilizarse agua por encima de 40ºC y explica que el forro interior de poliestireno expandido, encargado de absorber parte de la energía en caso de impacto, es especialmente sensible al calor y a determinados productos químicos. Por lo que se recomienda limpiarlo con un paño suave humedecido con una solución de jabón neutro y agua, sin frotar ni ejercer una presión excesiva
Por eso, una limpieza profunda del casco no significa sumergirlo entero en agua ni aplicar productos agresivos en su interior. Las diferentes partes tienen materiales y funciones distintas y deben tratarse en consecuencia.
La calota, la correa y las entradas de ventilación también necesitan atención
Las almohadillas son las grandes protagonistas de la limpieza, pero no deberían ser las únicas piezas que revisemos. De hecho, la correa de retención, por ejemplo, está constantemente en contacto con el sudor y puede acumular bastante suciedad. Una limpieza cuidadosa con agua y jabón neutro puede ayudar a mantenerla en mejores condiciones.
Como todos nos podemos imaginar, también merece la pena revisar las entradas y salidas de ventilación. Con el paso del tiempo pueden acumular polvo, insectos o pequeños restos que dificulten la circulación del aire. Las fábricas recomiendan utilizar un cepillo de dientes o un bastoncillo de algodón para acceder a pequeñas zonas y mantener limpios los elementos de ventilación.
En cuanto a la calota exterior y la pantalla, también conviene utilizar productos adecuados. Los limpiacristales convencionales o determinados productos químicos pueden afectar a plásticos y recubrimientos. Para la pantalla, se suele recomendar una solución suave de detergente neutro y agua, y desaconseja los limpiadores que contengan disolventes orgánicos.
Secar el casco es tan importante como lavarlo
Aquí está probablemente uno de los errores más habituales que cometemos los moteros. Lavamos las almohadillas, las dejamos un rato y, cuando parecen secas por fuera, las volvemos a colocar. El problema es que pueden conservar humedad en su interior. Esa humedad residual puede terminar generando malos olores y, con el tiempo, favorecer la aparición de moho. Por eso es fundamental dejar que todas las piezas se sequen completamente antes de volver a instalarlas en el casco.
Además, hacerlo rápidamente con un secador de pelo no es una buena idea. Tampoco conviene dejar las piezas al sol directo durante horas. Se recomienda secar los interiores a la sombra y no usar secadores mecánicos, ya que el calor puede dañar determinados materiales, especialmente el forro de poliestireno. También se aconseja dejar secar el casco a temperatura ambiente y lejos de fuentes de calor.
Lo mejor es buscar un lugar seco, ventilado y a la sombra. Puede llevar algo más de tiempo, pero es la forma más segura de completar el proceso.
Un poco de mantenimiento ahora puede ahorrarte muchos problemas después
No hace falta esperar a que el casco huela mal para limpiarlo. De hecho, cuanto más frecuente sea el uso y más calor haga, más sentido tiene prestar atención a su interior. Una limpieza periódica de las almohadillas, una correcta ventilación después de cada ruta y un secado completo cuando el casco se moja o acumula sudor, son hábitos sencillos que pueden marcar una diferencia enorme.
Y hay una última cuestión que no debemos olvidar: si un interior está deteriorado, desgastado o presenta daños, limpiarlo no siempre es suficiente. Los fabricantes ofrecen recambios para determinados modelos y sustituir unas almohadillas deterioradas puede ser una opción mucho más recomendable que seguir utilizándolas durante años.
Al final, mantener el casco limpio no es solo una cuestión de comodidad o de evitar que nuestro compañero de viaje huela como un “jabalí” después de una ruta de agosto. También es una forma de cuidar uno de los elementos de seguridad más importantes que utilizamos cada vez que nos subimos a la moto. Por no decir, el más importante.
