El colapso de un nombre con 140 años de historia
Varta AG, con sede en Ellwangen (Alemania), ha solicitado este viernes acogerse a un procedimiento de insolvencia bajo administración propia. En la práctica, esto significa que el consejo de administración sigue al mando del día a día, aunque ahora bajo la supervisión de un administrador judicial designado por el tribunal de distrito de Stuttgart.
No es la primera vez que la compañía pasa apuros: en 2024 ya se sometió a un saneamiento bajo la ley alemana de reestructuración StaRUG, tras una serie de inversiones fallidas que la dejaron incapaz de atender su deuda. En aquel proceso, Porsche AG entró en el capital y se hizo con el control mayoritario del negocio de celdas de iones de litio (bautizado V4Smart), la tecnología que el fabricante de deportivos necesita para sus propios modelos eléctricos.
El empresario austriaco Michael Tojner, accionista mayoritario, y Porsche inyectaron entonces 60 millones de euros, dejaron fuera al resto de accionistas y sacaron a la empresa de bolsa. Los acreedores, por su parte, renunciaron a más de la mitad de sus créditos a cambio de participar en beneficios futuros. Menos de dos años después, ese plan ha fracasado.
Apple, el cliente que se marchó a China
El propio comunicado de Varta señala como causas de esta nueva crisis un empeoramiento de las condiciones de mercado, una demanda más débil y efectos cambiarios negativos. Pero hay un factor que pesa más que el resto: la decisión de un cliente clave —Apple— de poner fin a la colaboración. El gigante de Cupertino comprará en adelante sus pilas de botón recargables «CoinPower», las que llevan los AirPods, en China, en lugar de en la planta de Varta en Nördlingen (Baviera), una fábrica que había sido ampliada masivamente hace apenas unos años. El consejero delegado, Michael Ostermann, reconoció que la compañía se ha enfrentado a «grandes desafíos» en los últimos trimestres y que la dirección trabaja para preservar el mayor número posible de puestos de trabajo.
Los propietarios actuales —Porsche y Tojner— no han querido poner sobre la mesa una nueva inyección de capital, que los acreedores habían cifrado en una cantidad media de dos dígitos de millones de euros. Sin ese dinero fresco, y aunque Varta insiste en que no está en situación de impago, la compañía se encamina hacia el sobreendeudamiento.
Qué se salva y quién se queda con ello
Aquí está el giro más importante del anuncio: la división rentable de pilas de consumo (Varta Consumer Batteries) queda excluida del procedimiento de insolvencia de la matriz y de tres de sus filiales. Es una unidad configurada como legal, operativa y financieramente independiente, valorada en 240 millones de euros, y los acreedores —encabezados por Deutsche Bank y varios fondos de cobertura— tienen intención de tomar su control.
También se ha solicitado la administración propia para Varta Microbattery, fabricante de pilas de botón para audífonos, en la que Tojner ha mostrado interés, aunque exigiendo recortes profundos. Varta fabrica además sistemas de almacenamiento de energía para instalaciones fotovoltaicas, un negocio que de momento queda al margen del foco mediático de esta crisis.
¿Y qué pasa con la batería de tu moto?
El nombre Varta genera una confusión muy comprensible entre los moteros. Si tu Honda, tu BMW o tu Ducati monta una batería de arranque con el logo Varta —la gama conocida como Powersports, presente también en quads, motos de agua y motos de nieve—, esa batería no sale de las fábricas de Varta AG, la compañía que acaba de entrar en concurso.
La división de baterías de arranque para vehículos (coches, motos, maquinaria) se separó del grupo Varta original hace más de dos décadas y hoy pertenece a Clarios, antigua Johnson Controls Power Solutions, que fabrica y comercializa bajo licencia de la marca. Es una empresa distinta, con accionariado distinto, sin ninguna relación societaria con la Varta AG de Ellwangen que hoy protagoniza los titulares. Dicho de otro modo: la crisis de Varta AG no pone en riesgo el suministro de las baterías Powersports que arrancan tu moto cada mañana.
Un pulso que todavía tiene recorrido
El tribunal de Stuttgart tiene ahora la última palabra sobre si acepta el procedimiento de administración propia solicitado. Mientras tanto, el nombre Varta —con 140 años de historia a sus espaldas— vuelve a demostrar lo compleja que puede ser la trazabilidad de una marca cuando distintas divisiones acaban en manos de dueños completamente distintos. Para el motero de a pie, la moraleja es sencilla: antes de preocuparse por el suministro de su próxima batería, conviene mirar quién fabrica realmente lo que lleva escrito en la etiqueta.
