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El periodista italiano Nico Cereghini ha vuelto a poner sobre la mesa una cuestión que levanta pasiones entre aficionados, fabricantes y responsables de tráfico: ¿realmente es necesaria tanta potencia en las motos de uso urbano? En una de sus recientes columnas, Cereghini afirmaba sin rodeos que “si solo usáramos la cabeza, todos iríamos con 20 o 30 CV bajo el asiento”. Un mensaje directo que invita a la reflexión sobre la evolución de las motos modernas y su creciente rendimiento.
El comentario de Cereghini, uno de los periodistas más respetados del motociclismo europeo, apunta a una tendencia preocupante: el aumento constante de la potencia en motocicletas que, en muchos casos, están pensadas para la carretera y no para el circuito. Aunque estas máquinas ofrecen prestaciones espectaculares, también requieren un alto nivel de pericia por parte del piloto, y en manos inexpertas pueden convertirse en un arma peligrosa.
El aumento de la potencia no siempre se traduce en un incremento de la seguridad. De hecho, según datos de la DGT, los accidentes de moto siguen siendo uno de los grandes desafíos en materia de seguridad vial. Una motocicleta ligera, manejable y de potencia contenida puede ser mucho más segura para el conductor medio que una deportiva de altas prestaciones.
Frente a esta realidad, algunos expertos abogan por una revisión en la homologación de motocicletas para su uso en carretera, o al menos por campañas más intensas de formación y concienciación. El reto está en encontrar un equilibrio entre la pasión por la moto y la responsabilidad al manillar.
