![]()
Aprendió a montar en moto de noche, de incógnito, por las calles desiertas de Teherán; hoy forma a numerosas mujeres en el arte de conducir una motocicleta: Maryam Ghelich, convertida en instructora certificada, celebra la pasión encontrada de las iraníes por las dos ruedas, hasta no hace mucho una utopía.
Al volante de scooters o motos de gran cilindrada, cada vez son más las que circulan por la capital congestionada, con cascos de colores, señal de un cambio sutil pero real ocurrido en el espacio de unos pocos meses.
“Las mentalidades han cambiado de verdad. Antes no estaba en absoluto aceptado”, cuenta Ghelich a la AFP, alegrándose de ver llegar a tantas mujeres tanto para la conducción urbana como para la competición.
A pesar del estricto código de vestimenta y de la ausencia de un permiso oficial, ya son varias decenas las que siguen sus cursos. Una cifra sin punto de comparación con sus comienzos como instructora hace 15 años, cuando las motoristas se contaban con los dedos de una mano en todo el país.
“He intentado demostrar que las mujeres también podían dominar y triunfar en este ámbito”, durante mucho tiempo considerado “reservado a los hombres”, explica esta apasionada de 49 años, con vaqueros, gafas de sol y coleta, en un centro de entrenamiento del norte de Teherán.
“Monos largos”: las restricciones de vestimenta
Con la llegada de la Revolución Islámica de 1979, la práctica de ciertas actividades fue durante un tiempo inaccesible para el género femenino y, sobre todo, mal vista por la sociedad.
Las restricciones vestimentarias supusieron un desafío particular para las motoristas, ya que las iraníes deben cubrirse el cabello con un velo (hiyab) en público y llevar ropa sobria y holgada.
Maryam Ghelich, que es miembro de la Federación Iraní de Motociclismo y Automovilismo, recuerda carreras en las que las participantes se veían obligadas a ponerse “monos largos” por encima de sus trajes de cuero, una norma que, según ella, “dificultaba de verdad” la conducción.
Las condiciones se han ido flexibilizando con el tiempo, afirma, y añade que incluso cuando hoy interviene la policía, los agentes dejan a las conductoras “marcharse con mayor facilidad”.
Ciertas reticencias persisten todavía
“Algunas conducen motos sin hiyab, con un hiyab incorrecto o mal colocado (…); tal comportamiento es contrario a la ley islámica”, subrayó recientemente el religioso Abdolhossein Khosropanah, al frente de un organismo estatal que supervisa las políticas culturales y educativas islámicas.
En los últimos años, las mujeres han desafiado cada vez más las estrictas normas de la República Islámica.
Esta tendencia se aceleró tras la muerte, en 2022, de Mahsa Amini, fallecida bajo custodia después de ser detenida por presuntamente infringir el código de vestimenta. Su muerte desencadenó protestas en todo el país, en las que las numerosas mujeres participantes reclamaban más libertades.
Queda un gran obstáculo para las aficionadas a las dos ruedas: aunque la ley no prohíbe a las mujeres el permiso de conducir motocicletas, las autoridades nunca se lo conceden, pese al aumento del número de motoristas en las carreteras.
Para Niloufar, diseñadora de moda de 43 años que se ha inscrito recientemente en los cursos de Ghelich, es una verdadera fuente de preocupación.
“Aunque una mujer conduzca de manera muy profesional, sin permiso será considerada legalmente responsable en caso de accidente, incluso si es la víctima”, afirma, prefiriendo no dar su apellido.
Oficialmente, las autoridades aseguran que las mujeres pueden conducir motos.
La portavoz del Gobierno, Fatemeh Mohajerani, afirma que no existe “ninguna prohibición legal”. Y en septiembre, el jefe de la policía de tráfico, Teymour Hosseini, declaró que sus agentes no tenían autorización para interpretar la ley según criterios religiosos u otros.
Mona Nasehi, una gerente de salón de belleza de 33 años que se inició en la moto este año, cuenta que la policía intentó detenerla una vez, probablemente porque circulaba sola, pero tuvo demasiado miedo como para obedecer.
“He oído que la policía generalmente no maltrata a las conductoras, pero todas tenemos ese temor de que puedan insultarnos o confiscarnos la moto”, explica.
Nayereh Chitsazian, de 53 años, flamante propietaria de una moto, se muestra confiada pese a la ausencia de permiso, ya que toda su documentación está en regla. “Los vehículos están matriculados y asegurados, así que la policía no tiene ninguna razón para detenernos”, insiste.
