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La historia de la moto está plagada de modelos extraños y extravagantes, la gran mayoría desconocidos por no tener proyección internacional, como esta moto utilitaria todoterreno yanqui, la curiosa Rokon 340 RT, que tiene un lugar en la historia por ser una pionera tecnológica.
Rokon es una marca nacida a finales de los años 50 totalmente desconocida en nuestro país, ya que nunca ha estado presente en nuestro mercado; aún sigue produciendo hoy en día, aunque solo fabrican la pequeña Trail-Breaker con tracción a las dos ruedas, una moto pensada para ser una herramienta en los terrenos más abruptos.
Esta Rokon 340RT no es solamente una curiosidad de catálogo, ya que, además de su peculiaridad mecánica, se atrevió a plantar cara a las marcas especializadas en enduro nada menos que en los Seis Días de Enduro (ISDT), toda una osadía.
Su estética no es lo mejor.Mecum
La moto que hoy nos ocupa no es especial solamente por su curiosa estética, que lo es, sino también porque es la primera moto automática de la historia, lanzada en 1973, una pequeña todoterreno que no llegaría a Europa y que solo se vendería en suelo americano.
Esta Rokon tiene una arquitectura estándar en su parte ciclo, con chasis doble cuna de acero, horquilla convencional y doble amortiguador trasero –ambas de la firma española Betor-, pero se desmarca por sus llantas de aleación de 19 y 18” -estamos en 1973- calzadas con neumáticos de tacos y por equipar frenos de disco hidráulicos firmados por Kelsey-Hayes en ambos ejes.
Las suspensiones, curiosamente, son de la española Betor.Mecum
Esta decisión no fue un capricho estético: al ser una moto con variador, el freno motor era inexistente, por lo que la potencia de detención recaía exclusivamente sobre los discos.
Para moverse, los ingenieros de la marca optaron por utilizar un motor que provenía de una moto de nieve, potente y solvente, era un Sachs monocilíndrico refrigerado por aire de ciclo 2T, de 334 c.c.
El motor procedía de una moto de nieve y tenía arranque por cable y polea.Mecum
Se arrancaba con un tirador manual, como un cortacésped, y para moverse solo había que dar gas; no tenía palanca de cambio ni maneta de embrague, como un scooter actual, ya que equipaba una transmisión automática por variador CVT, proveniente de un scooter Salsbury. La potencia real a la rueda era de 37 CV, nada mal, suficiente para mover sus 122 kg.
Pese a ser una moto todoterreno, era muy baja de asiento, y es que buscaba ser una moto accesible para un amplio abanico de compradores; no estaba dirigida solo a los amantes del todoterreno.
La instrumentación incluía un velocímetro, un cronómetro analógico con lupa de aumento y una caja de trip para colocar el rollo de la ruta a seguir.Mecum
Rokon invirtió mucho dinero en desarrollar esta moto y participó con ella incluso en los Seis Días de Enduro, logrando algunas victorias de clase, pero muchos creen que fue la culpable de la bancarrota de la marca, bajando la persiana en 1978 –aunque fue reflotada en 1981, y continúa en activo actualmente.
En marcha, la Rokon era una experiencia sensorial desconcertante. El motor rugía a un régimen constante mientras la velocidad aumentaba, una sensación de “scooter de campo” que, sin embargo, permitía a los pilotos concentrarse únicamente en la trazada y el equilibrio.
Otra versión cromática de esta curiosa todoterreno.Rokon
Entre sus puntos fuertes destacaba su capacidad de tracción en terrenos resbaladizos y su sencillez de manejo en zonas técnicas, pero como contrapartida, la anchura del conjunto (debido a las poleas del variador), la vulnerabilidad de la correa ante el agua y, sobre todo, la fatiga de los frenos en descensos prolongados debido a la falta de retención mecánica, lastraba sus prestaciones.
La Rokon RT340, que en 1973 tenía un precio de 1.645 dólares, estuvo en producción hasta 1978 y solamente se produjeron unos centenares de unidades, por lo que es una auténtica rareza.
Este ejemplar que hoy te mostramos se cotizó al alza en la última subasta de Las Vegas 2026 de Mecum, donde logró una máxima puja de 11.550 dólares, unos 10.000 euros.
La Rokon RT340, que hoy es una pieza de culto, fue un experimento audaz que demostró que, en la ingeniería, a veces el camino más corto no es necesariamente el más convencional.
