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Corría el año 1895 cuando el dramaturgo irlandés Oscar Wilde publicó una comedia teatral titulada ‘The importance of being Ernest’, una sátira de la sociedad que rápidamente gozó de un enorme éxito y cuyo título ya emplea un juego de palabras con el adjetivo serio (earnest) que, lamentablemente, se pierde en la traducción al español: ‘La importancia de llamarse Ernesto’. Nada que ver con la importancia de ser Ernesto/serio.
En ella, un caballero de la élite social victoriana llamado Jack Worthing se hace pasar por su hermano imaginario, Ernest Worthing, para enamorara a una mujer llamada Gwendolen Fairfax, dado que ésta está convencida de que su destino es casarse con un hombre llamado Ernest. A partir de ahí, la obra entra en un sinfín de enredos, a cada cual más absurdo: por ejemplo, la auténtica mujer de Jack, Cecily Cardew, fantasea con casarse con ese hermano llamado Ernest.
Rascando por debajo de la diversión y el entretenimiento, Wilde estaba poniendo frente al espejo a una sociedad donde la imagen y la apariencia jugaban un papel excesivamente preponderante, algo que ya había señalado unos años antes con su aclamadísima única novela: ‘El retrato de Dorian Grey’.
Han pasado más de 130 años desde entonces y la sociedad no solo no se ha despojado de esta importancia de las apariencias; sino que les ha ido otorgando una cada vez mayor, en un crecimiento que se ha tornado en exponencial con la aparición de las redes sociales.
El motociclismo no es ajeno a esta cuestión.
Tanto que prácticamente se ha normalizado que se eche un vistazo a la cantidad de followers que tiene un piloto a la hora de abordar su contratación, como le ha sucedido a Carlos Tatay en su búsqueda de patrocinadores para abordar la aventura del Dakar.
En MotoGP quizás no se miren tanto los followers o la imagen, pero sí el nombre y la bandera.
Manu González celebra su tercera victoria seguida, Moto2 Hungría 2026
Solamente así se explica que Manuel González Simón, abreviado como Manu González y popularmente conocido desde niño como ‘Manugasss’, vaya a quedarse sin sitio en la parrilla de la categoría reina el próximo 2027 cuando lidera el Mundial de Moto2 después de haber sido subcampeón en 2025 y tercero en 2024.
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Manu González ya está acostumbrado a tener que dar más rodeos que los demás por motivos ajenos a lo deportivo: ser campeón de la European Talent Cup no le abrió las puertas del Mundial Junior de Moto3 y tuvo que irse a las motos de serie, donde volvió a demostrar su nivel al conquistar el título del Mundial de Supersport 300 y convertirse en el campeón más joven de toda la historia del motociclismo de velocidad.
De ahí pasó al Mundial de Supersport y en su segundo año logró dos victorias y el tercer puesto final, todavía con 19 años cumplidos ese verano. Fue ahí cuando se le abrieron, ¡por fin!, las puertas de los grandes premios. En ese mismo año con dos sustituciones, y para el curso siguiente, ya como piloto titular en el Mundial de Moto2.
Eso sí, en el modesto VR46 MasterCamp (no confundir con el VR46 Racing Team), que se estrenaba ese año en la categoría. En su primer año logró multiplicar por diez los puntos de su compañero, y en el segundo logró su primer podio y el octavo puesto final, mientras su nuevo compañero no sumaba ni un solo punto. Suficiente para llamar la atención del Gresini Racing.
Tampoco era un equipo puntero de la categoría, pero de nuevo sacó petróleo con una victoria, cinco podios y el tercer puesto final. Un desempeño sobresaliente que le valió un contrato con el IntactGP para ser compañero del australiano Senna Agius, que había debutado ese año en el Mundial de Moto2 tras haber conquistado el Europeo de la categoría.
Cuatro victorias, nueve podios y subcampeón del mundo, dejando escapar el título en un extraño final de temporada donde la suerte no le acompañó. Un varapalo que podría haber hundido a cualquiera, pero no a ‘Manugass’. Lejos de rendirse, se prometió llamar más fuerte a las puertas de MotoGP hasta derribarlas.
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Y eso es lo que está haciendo en este 2026 cada vez que se baja el casco. En once carreras ha igualado las cuatro victorias del curso pasado y ya suma ocho podios, liderando la clasificación general con gran autoridad al llegar el ecuador de la temporada y, sobre todo, el momento en el que se está terminando de perfilar la parrilla del próximo curso en la categoría reina.
Una parrilla en la que, seguramente, no estará. Pese a que todavía quedan siete plazas libres de forma oficial, la realidad es que todas parecen estar ya ocupadas ‘de facto’. Tras encontrar cerrada la persiana del Trackhouse, su última opción parecía estar en el Tech3, pero ésta se ha ido difuminando según los últimos rumores.
Paradójicamente, la margarita deshojada por el VR46 Racing Team está provocando un efecto dominó que deja su ficha fuera: si las informaciones que circulan por el paddock son ciertas, el equipo de Valentino Rossi apostará por Nicolò Bulega mientras que Luca Marini -que era la otra opción- pondrá rumbo al mencionado Tech3.
Eso dejaba una última moto libre en la estructura francesa, con Manu González y su compañero Senna Agius como grandes candidatos. Y, según el siempre bien informado Rosario Triolo, la moneda ha caído del lado del australiano.
Al joven piloto español le ha vuelto a salir cruz y, por más que la apuesta por el todavía más joven Agius resulte comprensible, son ya demasiadas puertas cerradas como para no creer que lo que hace que el piloto madrileño no encuentre una oportunidad en MotoGP no está en su hoja de resultados, sino en su DNI.
Y es que, al final, la silly season de MotoGP acaba siendo algo parecido a una comedia de enredos donde se llega a rozar el absurdo y donde casi todo parece reducirse a la importancia de no ser español y no llamarse Manu González.
