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Royal Enfield volvió a
pisar fuerte en el Festival of Speed de Goodwood, celebrado del 10 al 13 de
julio, con cuatro obras de arte sobre ruedas que dejaron sin aliento a más de
uno en la colina más famosa del motociclismo británico.
La firma llevó al corazón
de Inglaterra una clara demostración de lo que significa imaginar, crear y
construir sin límites, con cuatro motos únicas, basadas en la plataforma
Shotgun 650, nacidas de la colaboración entre la marca y algunos de los mejores
constructores del mundo.
Detrás de esta hazaña
está el programa Custom World, la iniciativa con la que Royal Enfield lleva
años dando voz –y forma– a la creatividad global. No se trata solo de exhibir
motos bonitas, sino de rendir homenaje a los artesanos que son capaces de transformar
una moto de producción en una pieza única, irrepetible y con alma propia.
Y este año la marca subió
el listón: eligió a cuatro constructores de cuatro rincones distintos del
planeta, les entregó una Shotgun 650 y les dio libertad total para crear. El
resultado fue un derroche de carácter, estilo y mucha personalidad.
Cuatro países, cuatro
visiones, una sola pasión
La Samurai, lista para cortar el viento como una katana.Royal Enfield
Desde Japón llegó la
Samurai, firmada por Sure Shot Custom Motorcycles. Una bobber contenida,
musculosa, minimalista y elegante, como dictan los códigos estéticos nipones.
De manillar bajo, líneas tensas y postura agresiva, parecía sacada de una
película de samuráis motorizados.
ICON Motosports, de
Estados Unidos, soltó todo su descaro con la Always Something, una café racer
sin complejos, con los colores de la bandera americana decorando su depósito y
que parecían gritar “mírame” a los cuatro vientos.
Difícil no adivinar de dónde son los creadores de Always Something solo con un rápido vistazo.Royal Enfield
Alemania también se hizo
notar con la mente visionaria de Kingston Custom, que presentaron The Kingsman,
una moto mezcla de diseño retro-futurista con manillar envolvente, formas
fluidas y un compartimento trasero, tapizado en madera y gamuza, que incluía
todo lo que no debería faltarle a un refinado espía a la altura de Kingsman:
espejo, abridor, copa… y hasta un paraguas.
The Kingsman es una Shotgun reconvertida en gentlemen’s bike. ¡Si hasta incluye copa para brindar!Royal Enfield
Y por último, desde
Irlanda, Medaza Cycles se sacó de la manga la que probablemente fue la estrella
del show: la Sawn Off Shotgun. Construida en exclusiva para Goodwood, esta
sports-chopper fue presentada como primicia en el propio evento. Agresiva,
afilada, con escape lateral alto y acabados en plata pulida que brillaban bajo
el sol británico, la Sawn Off Shotgun fue la que más miradas se llevó.
Sawn Off Shotgun deslumbra por su belleza, y por los detalles en plata pulida…Royal Enfield
Estas cuatro joyas no
solo compartieron base y escenario, compartieron espíritu. Cada una reflejaba
la visión de su creador pero juntas contaban una historia más grande: la de una
marca que no teme abrir las puertas a la imaginación, que celebra la cultura
custom y que sabe que una moto puede ser mucho más que un medio de transporte.
En Goodwood, Royal
Enfield lo dejó claro… Nos enseñaron que personalizar no es tunear, es
narrar. Que una Shotgun 650 puede mutar en cuatro criaturas radicalmente
distintas si se pone en manos adecuadas. Y que el alma del mundo custom seguirá latiendo con fuerza, mientras haya motos, pasión y ganas de romper esquemas.
