La regresión chamánica de Marco Bezzecchi

La regresión chamánica de Marco Bezzecchi

Dijo un sabio contemporáneo que hay que saber subir, pero también hay que saber bajar. Una lección de vida que el bueno de Marco Bezzecchi está teniendo que aprender sobre la marcha.

En el mundo actual, inmediato y globalizado, los deportistas se están convirtiendo en objetos de consumo. Héroes de un día o un mes a los que endiosar cuando están en lo alto y dejar caer si no son capaces de mantener la excelencia en el tiempo.

Por eso, aunque hollar la cima de la montaña de un deporte sea el objetivo último de todo deportista, hacerlo antes de tiempo puede ser problemático. Si no se sabe bien cómo has llegado hasta ahí, puedes desorientarte; con el riesgo que eso conlleva: cuando toque bajar (porque la cima no es un campo base en el que acampar), quizás ya nunca se pueda volver a subir.

A comienzos de este 2026, Marco Bezzecchi asaltó la cima de MotoGP. Y lo hizo sin tener que mirar atrás: liderando cada una de las tres primeras carreras de principio a fin, llegando a batir el récord histórico de vueltas lideradas de forma consecutiva que ostentaba Jorge Lorenzo. Se sentía uno con su moto y ganar los domingos parecía sencillo. Incluso rutinario.

Y claro, llegó el momento de bajar. Fue en Jerez, donde mitigó la caída con un gran segundo puesto que repitió en Le Mans. Ahí, pese a que cuajó un fin de semana más que notable, ya empezó a ver cómo muchas personas que le habían estado situando como campeón a final de temporada cambiaban su predicción a Jorge Martín, su compañero.


Marco Bezzecchi totalmente escapado de Jorge Martín y Pecco Bagnaia, MotoGP Mugello 2026

Un fin de semana bastó para que los mentideros virtuales rotasen la relación de fuerzas en Aprilia y le relegasen a un segundo plano. Después, en Catalunya, salvó más que dignamente su peor fin de semana del año, pero su discreto rendimiento no hizo sino echar más leña al fuego de las críticas.

Y así llego Mugello. El GP de casa.

Un lugar especial en el que nunca había ganado, y donde sus dos únicos podios eran en las categorías ligeras. Tampoco había ganado nunca Aprilia; que, para colmo, llegaba con la vitola de moto número uno.

En definitiva: un piloto italiano sobre una moto italiana llegaba líder de MotoGP a un GP de Italia en el que ni él ni su moto habían ganado nunca. La presión tenía que medirse por toneladas.

Aun así, se sacó una pole increíble con récord del circuito, pero en el Sprint se quedó fuera del podio y volvieron los fantasmas.

Y llegó el domingo. Salió bien, superó a Martín y se pegó a Pecco Bagnaia, esperando su momento para situarse en cabeza y llevarse la victoria con una autoridad impresionante. Había vuelto a la cima, a la más dulce de todas. La que en su día pisaron compatriotas como Loris Capirossi, Valentino Rossi, Andrea Dovizioso, Danilo Petrucci y el propio Bagnaia.

Lo mejor de todo es que lo había hecho con un plan ejecutado a la perfección: sabiendo por dónde subía y eligiendo con mimo cada pisada en el camino.


Marco Bezzecchi tras cruzar la meta de Mugello como ganador

Era su cuarta victoria del año en siete carreras. O sea, más de la mitad. Igual que más de la mitad de las victorias de Aprilia llevan su nombre: siete de trece. Pero, sobre todo, había dado a Aprilia su primera victoria en la categoría reina en Mugello.

Cuando se dio cuenta, rompió a llorar.

Porque, en cuanto cruzó la línea de meta, desapareció Bezzecchi, el piloto de 27 años que lidera MotoGP 2026. Volvió Marco, el niño que acudía a Mugello con su madre, su abuelo y su primera hermana (porque la segunda todavía no había nacido) para ver las carreras y animar a Vale y al resto de pilotos italianos.

En el chamanismo, una regresión es una práctica espiritual y de sanación que busca acceder a memorias de vidas pasadas o traumas inconscientes de esta vida para liberar bloqueos energéticos.

En el podio de Mugello, Marco Bezzecchi vivió una regresión chamánica hacia su más tierna infancia.

En Mugello, Bezzecchi se liberó de los bloqueos energéticos que le hubiesen podido causar las citas de Jerez, Le Mans y Catalunya; y lo hizo accediendo a lugares recónditos de su memoria en el que el motociclismo era solo un sueño.

Ganar en Mugello, como él mismo dijo, fue el sueño de toda una vida. Y, al mismo tiempo, una liberación de energía. Una liberación que necesitaba para conectar con aquel niño que soñaba con ser piloto y afrontar el largo camino hacia la cima más alta de todas: el título de MotoGP. Ahora sabe cómo hacerlo.


Marco Bezzecchi celebra su victoria con los tifosi en Mugello