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El sector de la moto y el vehículo ligero vivió un 2025 fabuloso en España, con un crecimiento de casi el 7% en las ventas y el 16% de todas las matriculaciones de vehículos en el país. Pero hay varios problemas que aquejan a la industria de las dos ruedas y, especialmente, a los usuarios finales: los motoristas. El principal, y uno de los puntos donde la patronal Anesdor quiso poner mayor énfasis, es el desactualizado sistema de etiquetado ambiental de la DGT que todavía rige en el país. Y la queja es meridiana: “Se agrava la discriminación de la moto y los vehículos ligeros”.
El sector lleva tiempo persiguiendo al Gobierno y el resto de administraciones y órganos públicos competentes sobre este asunto, señalando tanto la falta de actualización de los requisitos ambientales para los vehículos como el diferente trato entre las categorías M y N (dedicadas respectivamente a vehículos de transporte de personas como turismos, furgonetas y buses; y vehículos de transporte de mercancías como camiones o furgonetas) y la categoría L (dedicada a los vehículos ligeros de dos, tres y cuatro ruedas como motos, ciclomotores y cuadriciclos).
De base, el problema resulta evidente de un vistazo: el etiquetado se introdujo en 2016, y desde entonces ha llovido mucho y los vehículos se han actualizado para ser más eficientes y menos contaminantes. Especialmente las motos, que entrenaron en el sistema de etiquetado en 2018 bajo requisitos no equivalentes: la etiqueta C de motos no representa el mismo factor de contaminación que la etiqueta C en coches, un sinsentido.
Parque móvil en España según el etiquetado ambientalAnesdor
Para hurgar en la herida, recuerdan desde Anesdor, los vehículos M y N no han desarrollado nuevas etapas Euro, los requisitos ambientales que impone la Unión Europea a las fábricas. Sí han surgido, en cambio, dos nuevas etapas para los L (los famosos Euro 5 y Euro 5+). Según los cálculos de la patronal, más de un millón de motocicletas y ciclomotores reciben la etiqueta C sin cobertura legal ni un ajuste real y actualizado a su nivel de emisiones. Lo divertido es que la etiqueta ECO queda desierta en motos por este preciso motivo salvo casos anecdóticos.
Y los datos más relevantes que amparan la denuncia y la reclamación del sector de la moto respecto al etiquetado ambiental lleva al ver las cifras del millón de motocicletas que circulan con la misma categoría que coches muchísimo más contaminantes: una moto con etiqueta C de la categoría L Euro 5 emite un 62% menos de gramos de CO2 por kilómetro recorrido que un coche, un 89% menos de NOx y un 75% menos de PM. Una barbaridad y un sinsentido…
Estadísticas para defender el sector de las dos ruedas no faltan: una moto de combustión tiene unas emisiones de CO2 por pasajero y kilómetro recorrido similares a las de cualquier autobús urbano del transporte público (53 vs. 49 gramos de CO2 x km). Como punto adicional para sacar pecho, la moto eléctrica tiene el impacto más bajo entre los vehículos motorizados (17).
Con un parque de vehículos que representa el 16% del total en España, las motocicletas y ciclomotores solo aportan algo más del 1% del total de emisiones nocivas del transporte motorizado de todo el país. Argumentos hay de sobra, pero de momento no hay una reacción clara del Gobierno, las administraciones y Tráfico.
“No pedimos reformar el sistema de etiquetado actual, sino completarlo”, subraya Anesdor para reclamar una solución rápida y efectiva a esta situación injusta. La solución es sencilla: los vehículos en etapas Euro5 y 5+ en vacío legal podrían ocupar la etiqueta ECO, un hecho nada baladí ya que eso les permitiría acceder a las ZBE, varios incentivos públicos y contar con mejor posicionamiento en licitaciones públicas para la compra de flotas.
“Este crecimiento del mercado de la moto tendría que ir de la mano de un reconocimiento de la misma por parte de las Administraciones en las diferentes regulaciones. La moto es la solución a los grandes retos de la movilidad actual, pero sigue siendo ignorada y sus usuarios también”, concluía en su presentación José María Riaño, secretario general de ANESDOR.
