La ciencia abre debate: ¿Barce-lona o lona-Barce? El orden de una marca vial en el suelo puede ser clave para evitar accidentes

La ciencia abre debate: ¿Barce-lona o lona-Barce? El orden de una marca vial en el suelo puede ser clave para evitar accidentes
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Leer de arriba a abajo permite reconocer antes los destinos pintados en el asfalto, según un estudio liderado por la Universitat de València (UV) que cuestiona el diseño habitual de algunas marcas viales.

Los autores del estudio consideran que presentar los destinos en el orden natural de lectura es una solución sencilla y de bajo coste que puede mejorar significativamente la seguridad vial.

“Seguro que alguna vez te ha pasado: vas conduciendo por una vía rápida, se acerca una salida y empiezas a buscar el destino correcto; hay varios carriles, tráfico alrededor y solo unos segundos para mirar la señal, leer lo que aparece pintado en el asfalto y decidir dónde colocarte. Cuando quieres reaccionar, quizás ya estás demasiado cerca de la bifurcación o en el carril que no tocaba”, plantea José Luis Tapia, principal autor del estudio e investigador del Departamento de Metodología de las Ciencias del Comportamiento y de la ERI-Lectura de la UV.

Ejemplos de marcas viales escritas en sentidos diferentes de lecutraUV / Google Maps

La investigación demuestra, efectivamente, que los conductores identifican más rápido los nombres de los destinos cuando estos mantienen el orden natural de lectura, incluso aunque el vehículo se aproxime primero a la parte inferior de la señal.

“El ejemplo es fácil de imaginar –dice–. BARCELONA puede aparecer como BARCE sobre LONA, manteniendo el orden natural de lectura, o como LONA sobre BARCE, colocando el primer fragmento de la palabra más cerca del vehículo. Esta segunda opción podría parecer lógica, porque el coche se aproxima primero a la parte inferior de la marca viaria. Pero los resultados apuntan en la dirección contraria. La palabra se reconoce mejor cuando conserva la estructura a la que estamos acostumbrados a leer, de arriba abajo”, ilustra este experto.

El trabajo, realizado en colaboración con la Universidad de Málaga y la Universidad Nebrija, en Madrid, señala que la diferencia puede superar los 200 milisegundos, lo que equivale a casi seis metros de recorrido a una velocidad de 100 kilómetros por hora.

Los investigadores partieron de una situación habitual en la conducción, en la que los nombres de ciudades o destinos pintados en la calzada deben dividirse en dos líneas por falta de espacio. En estos casos, la palabra puede presentarse respetando el orden habitual, con el inicio arriba y el final abajo o invertida, situando la primera parte más cerca del conductor.

Para analizar el impacto de ambas opciones, el equipo realizó dos experimentos con 96 participantes, que debían identificar nombres reales de municipios españoles presentados como si estuvieran pintados sobre el pavimento.

En unas ocasiones, las palabras aparecían en el orden natural de lectura. En otros, aparecían en orden invertido. El primer experimento utilizó un fondo neutro de asfalto y el segundo situó las palabras dentro de una escena de carretera más realista, con perspectiva y una mayor complejidad visual.

Los resultados en ambos casos mostraron un patrón consistente: los nombres se reconocían más rápido y con mayor precisión cuando el primer fragmento de la palabra aparecía en la parte superior, respetando el orden de lectura habitual. La diferencia fue de 164 milisegundos en el primer experimento y de 211 milisegundos en el segundo.

“En conducción, la información no se procesa en condiciones ideales. Se procesa mientras miramos el carril, controlamos la velocidad, prestamos atención al tráfico y tomamos decisiones”, ahonda Tapia, autor principal del estudio. “Nuestro trabajo no mide la conducción real, pero sí que muestra que una decisión aparentemente de formato visual puede hacer que una indicación viaria se reconozca antes o después”, incide.

No obstante, los investigadores Francisco Rocabado, (Nebrija) e Ismael Gutiérrez Cordero (Málaga) resaltan que el trabajo no ha evaluado directamente el comportamiento al volante, por lo que proponen como siguiente paso analizar estas cuestiones en simuladores de conducción o entornos de realidad virtual, “donde se pueda analizar cómo miran y reaccionan los conductores ante estas marcas viarias”.