la bonita historia detrás de esta creación fascinante

la bonita historia detrás de esta creación fascinante

Parece una Harley-Davidson, pero estamos ante un nuevo Frankenstein ideado para demostrar el potencial de los actuales motores de combustión a la hora de contribuir a la lucha por un mundo más sostenible y respetuoso con la naturaleza. Debajo del deposito de esta Heritage Softail de 1999 no late un motor bicilíndrico en V de la fábrica Milwaukee de toda la vida, sino un propulsor tricilíndrico de tractor de Kubota. Ya de primeras, el concepto suena curioso y fascinante… ¿Por qué alguien haría algo así? 

La respuesta nos la da Alex Jennison, un estudiante de ingeniería de 22 años que cursa sus estudios en la Universidad de British Columbia de Vancouver. La idea le rondaba la cabeza desde que era un mequetrefe, cuando hacía sus primeros pinitos construyendo monopatines eléctricos caseros. Dos años de trabajo intenso transformaron su sueño de infancia en una realidad y un banco de pruebas de cara al futuro excelente. “Kubota nos regaló este motor para demostrar que los combustibles limpios son una solución viable”, comenta el protagonista de esta historia en el último número de la revista canadiense Driving. “Elegí la Softail de 1999 porque es el último modelo con motor y cambio de marchas separados”, agrega al comentar su curiosa elección de la máquina.

Para adaptar el motor tricilíndrico diésel al chasis de la Harley, Alex tuvo que rediseñar gran parte de la moto. El motor –un Kubota D1703 de 1.647 cm³ y 34,5 CV, habitual alimentado con gasóleo– ha sido modificado para funcionar con aceite de cocina usado, el típico que nos sobra después de freír unas patatas o hacer una buena tortilla en casa.

¿Y por qué aceite usado? Por un lado, Alex critica abiertamente el impacto ambiental –las baterías requieren de minerales raros y escasos– y humano que se esconde detrás de los motores eléctricos. “La explotación de las minas de cobalto en la República Democrática del Congo cuesta la vida a siete personas a la semana a causa de los accidentes mineros”, dice. Además, este joven ingeniero no es muy aficionado a la escasa fiabilidad de dichos propulsores eléctricos en determinadas condiciones. “Los vehículos eléctricos empleados para quitar la nieve no son fiables para trabajar sin descanso en invierno”, apunta. Por eso quiere pensar en alternativas más completas y fiables. 

La Harley-Davidson modificada de Jenninson, toda una joya bien curiosa… ¡y preciosa!Alex Jenninson

La moto de biodiésel es, en palabras de Alex, “una prueba de concepto sobre dos ruedas”. Durante su próximo viaje de 2.000 kilómetros a lo largo de la Costa Oeste estadounidense, el joven estudiante quiere hacer paradas en universidades, concesionarios de Harley-Davidson y distribuidores Kubota para explicar su proyecto y demostrar que los combustibles verdes ya son una realidad ahora mismo. Para financiar la aventura –entre seguro, equipamiento técnico y gastos de viaje– ha abierto una página en GoFundMe donde se acerca ya a su objetivo de recaudar 7.000 dólares. 

El de los biocarburantes es un camino prometedor como alternativa a la propulsión eléctrica, al menos en lo que respecta al transporte y la movilidad en general. Sin embargo, resulta fundamental el aspecto de la sostenibilidad: de ahí la investigación para obtener biodiésel y bioetanol a partir de residuos alimentarios. Obviamente, existen al respecto numerosos obstáculos: uno de los principales es su producción, que por ahora exige el uso de enormes cultivos, con todas las consecuencias que ello implica a nivel ambiental.
De ahí el compromiso de los científicos por encontrar una forma sostenible de producir más biocarburantes a partir de residuos o de subproductos, en la misma línea que trabaja el proyecto de esta chaval canadiense. 

El futuro de la movilidad y la sostenibilidad de la misma depende del éxito de estos proyectos científicos, que buscan hacer viables los biocombustible a escala global: ahora mismo son demasiado caros y obligan a sacrificar cultivos necesarios para otros problemas más acuciantes como el hambre. 

El hecho de que grandes multinacionales trabajen en esta línea indica que no se ha tirado la toalla y que este tipo de proyectos Frankenstein como la Kubo-Harley pueden ser la llave a un futuro más limpio y sostenible… sin tener que renunciar además a los motores de combustión. ¡Todo un tema!