Impalada 2025, la historia interminable

Impalada 2025, la historia interminable

Reunir más de cuatrocientas unidades de una moto que se empezó a fabricar hace sesenta años, es algo extraordinario.

Habla mucho y bien de un modelo de los años 60. Diseñada por Leopoldo Milá, la Impala es todo un icono, una maravillosa monocilíndrica de dos tiempos con versiones de 175 c.c. y 250 c.c. y el asiento con forma de guitarra.

Parque cerrado.

Moto Club Impala

Bonita Réplica de las 24 horas 1962/63.

Moto Club Impala

Una moto fundamental en la historia de Montesa que en 1982 y no sin ciertas dudas, renació con una versión modernizada que se bautizó como Impala-2.

Una imagen inconfundible.

Oriol Nubiola

¡Buena parte ciclo!

Oriol Nubiola

Impalada

Más allá de lo que representa a nivel industrial, la Impala tiene una fuerte carga sentimental.

Desde su propio moto club, el Moto Club Impala que preside Xavi Arenas y que cuenta con un equipo de apasionados que obran el milagro de reunir más de 400 Impala cada año, se organiza la popular Impalada. Y ya van 36 ediciones.

Una historia generacional.

Oriol Nubiola

El tiempo no se detiene.

Oriol Nubiola

Se trata de una reunión con este modelo de protagonista que apuestan por hacer perdurar el uso y disfrute de las Impala y que año tras año va sumando más y más inscritos, puesto que la pasión por la Impala y diría que por la Impalada, es algo generacional que se transmite de padres a hijos.

Santi Ruiz (izq.) y Josep Itchart, todo controlado.

Oriol Nubiola

Detrás de la organización de la Impalada hay meses y meses de trabajo a nivel burocrático (permisos) y por encima de todo un cariño que se nota en los pequeños detalles.

Pero no solo. El nivel de seguridad que dan los 80 marshalls, el perfecto marcaje de la ruta y la sensación de alegría y sentido común que flota en la Impalada, son sencillamente únicos.

Risas en Impala 2.

Oriol Nubiola

En grupo.

Oriol Nubiola

Santa Susana

En esta edición la salida se hizo desde Santa Susana, a las puertas de la Costa Brava, para pasar por el Maresme, La Selva y El Gironés.

Desde allí la caravana se fue hacia Lloret de Mar para empalmar con la carretera de Tossa de Mar a Sant Feliu de Guixols, desviándose en Sant Grau después de subir su trazado serpenteante y estrecho, con unas vistas impagables. Un tramo que algunos recordamos en la época de los Rallys de asfalto, donde precisamente las Impala también fueron protagonistas.

Disfrutando por parejas.

Oriol Nubiola

Consejo de sabios.

Oriol Nubiola

Desde allí hubo parada para desayunar en la Colección Salvador Claret que abrió sus puertas para los “impaleros” que tuvieron la oportunidad de cruzar la exposición montados en sus motos…

Con la posibilidad de hacer un atajo, la mayoría cubrió todo el recorrido hasta Sant Hilari de Sacalm desde Santa Coloma de Farnés para llegar hasta Hostalrich después de tramos como Cladells o Grions o la resbaladiza carretera de Sant Feliu de Buixalleu.

En Sant Grau.

Moto Club Impala

Salida desde Santa Susana.

Moto Club Impala

Fin de fiesta

Llegada a Santa Susana después de casi 180 km de excursión, con la clásica comida, risas, trofeos y en definitiva casi 500 tipos contentos que culminaron un día inolvidable esperando reencontrarse el próximo año.