
La casa Bonhams acaba de vender una MV Agusta 500 Grand Prix de 1965 en su subasta Spring Stafford Sale por 967.000 libras. Eso equivale a más de 1,1 millones de euros por una máquina que, sobre el papel, ni siquiera cuenta con un historial de carreras completamente documentado.
Todo el atractivo de esta moto está en esa zona gris entre la historia acreditada y el ‘todos sabemos lo que es’. Según Bonhams, la moto encaja tan de cerca con el programa oficial de competición de MV Agusta en 1965 que debió haberla pilotado Mike Hailwood o Giacomo Agostini. Quizá ambos.
¿Podría ser la moto subastada la que pilota Mike Hailwood en esta foto?
Foto: Bonhams
Sólo con eso ya se entiende por qué los coleccionistas se volvieron locos por ella. Además, 1965 no fue una temporada cualquiera. Hailwood seguía en la cima y se llevó el título mundial de 500 cc con ocho victorias.
A la postre, fue su último campeonato en la clase reina, justo antes de que Agostini iniciara su racha y encadenara siete títulos consecutivos. Esta moto procede exactamente de ese momento de transición. O es el arma del último campeonato de Hailwood, o el primer peldaño de Agostini, o una combinación de ambas cosas.
Luego está la cadena de propietarios, que de alguna manera lo hace todavía mejor. En 1986, la moto fue adquirida directamente a MV Agusta por John Surtees. Sí, el único hombre que ganó campeonatos del mundo sobre dos y cuatro ruedas. Y no la guardó sin más, sino que la utilizó en desfiles y exhibiciones por toda Europa e incluso se la llevó a Nueva Zelanda. Así que no fue una pieza estática de museo: siguió en movimiento décadas después de su etapa en competición.
Foto: Bonhams
Con el tiempo, cambió de manos en 2005 y permaneció en el mismo sitio hasta reaparecer para esta subasta. Sin reventas rápidas, sin ir saltando de una colección a otra cada pocos años.
En realidad, aquí no se compra sólo una máquina: se compra una instantánea de un momento muy concreto de las carreras de motos, cuando MV Agusta era intocable y la parrilla giraba prácticamente en torno a dos pilotos que se intercambiaban golpes a velocidades que, para la época, eran sencillamente aterradoras.
Foto: Bonhams
Hablamos de bestias de 500 cc subiendo de vueltas hasta regímenes de cinco cifras, con una potencia muy elevada para su tiempo y alcanzando velocidades de tres cifras en circuitos con muchísimo menos margen de error que los actuales.
Y, a diferencia de muchas motos históricas de carreras, esta MV Agusta 500 GP no se ha desvirtuado con una restauración excesiva ni con relatos dudosos. Puede que su historial no esté documentado al milímetro, pero es verosímil, coherente y está ligado a nombres que definieron toda una época.
