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La OMS quiere convertir a los conductores de motocicletas de la República Democrática del Congo en un nuevo aliado para frenar el brote de ébola que afecta al país. Lejos de limitarse a transportar personas por algunas de las zonas más complicadas del territorio, estos motoristas pueden desempeñar un papel clave en la detección de posibles casos, la vigilancia de la enfermedad y la comunicación entre las distintas comunidades afectadas.
El actual brote, provocado por el virus del ébola de Bundibugyo, se concentra en la provincia de Ituri, en el noreste de la RDC. Declarado en mayo de 2026, es el decimoséptimo brote de ébola registrado en el país desde que el virus fue identificado en 1976 y ha llevado a la OMS a declarar una emergencia de salud pública de importancia internacional. La respuesta se apoya especialmente en la detección precoz, el rastreo de contactos, la prevención de infecciones y la participación de las comunidades.
Y es precisamente ahí donde aparecen los motoristas. Las mototaxis son un medio de transporte fundamental en muchas zonas de la RDC y sus conductores mantienen un contacto constante con la población. Se desplazan por lugares a los que los equipos sanitarios pueden tener dificultades para acceder y conocen de primera mano los movimientos y las necesidades de sus comunidades.
La OMS pretende aprovechar esa posición para que dejen de ser únicamente parte de la movilidad de la zona y se conviertan también en agentes de vigilancia y prevención. Su misión pasa por reconocer situaciones sospechosas, comunicar posibles casos a los equipos de respuesta y contribuir a que las personas que puedan estar infectadas lleguen cuanto antes al sistema sanitario.
La estrategia tiene además una segunda vertiente: la información. La OMS reconoce actualmente a los conductores de mototaxi como uno de los colectivos influyentes que ayudan a difundir mensajes de prevención y facilitan el diálogo entre los equipos que combaten el brote y las comunidades.
Varios sanitarios entierran a una joven víctima del ébola en Bunia, una de las poblaciones más afectadas por el actual brote en el CongoDieudonne Dirole / Ap-LaPresse
“Estamos reorientando todo el enfoque operativo y todas nuestras actividades en torno a la implicación de las comunidades. Y uno de los principales colectivos con los que queremos contar es la asociación de motoristas, cuyos miembros son quienes transportan a esos pacientes y también a los cadáveres. Queremos que trabajen con nosotros e incorporarlos tanto a las labores de vigilancia como a la respuesta frente al brote”, explica el doctor Thierno Baldé, encargado de la OMS para gestionar el actual brote en el país.
“Pueden informarnos cada vez que transporten a una persona enferma, saber cómo ponerse en contacto con el equipo de vigilancia y comunicarle la situación para que esa persona pueda ser sometida a las pruebas y recibir la atención necesaria. Y, obviamente, hacerlo de una manera digna, convenciéndola y explicándole que todo esto es por su propio bien y por el de su familia”, añade el principal coordinador de la respuesta a la emergencia.
No es una cuestión menor. En una epidemia de ébola, la confianza de la población resulta fundamental. Los rumores, el miedo o la desconfianza pueden provocar que una familia oculte un enfermo, rechace la intervención sanitaria o retrase la búsqueda de asistencia. Por ello, la OMS considera que las personas que cuentan con la confianza de sus vecinos pueden convertirse en un puente entre los ciudadanos y los equipos médicos.
Pero esta función también entraña riesgos para los propios motoristas. Algunos de ellos han sido utilizados para trasladar a personas enfermas y pueden entrar en contacto con pacientes o familiares antes incluso de que exista un diagnóstico. Por eso la respuesta incluye medidas de prevención y control de infecciones, higiene de manos, desinfección y formación para reconocer y comunicar posibles casos.
La experiencia acumulada demuestra hasta qué punto la movilidad sobre dos ruedas puede resultar determinante. En anteriores operaciones contra el ébola, la OMS incluso proporcionó motocicletas a equipos sanitarios para facilitar la vigilancia en zonas de difícil acceso y acelerar la investigación de alertas.
Ahora el objetivo es todavía más ambicioso: aprovechar una red de motoristas que ya existe sobre el terreno para reforzar la primera línea de detección. En una emergencia sanitaria en la que cada hora puede ser decisiva, llegar antes, detectar antes y avisar antes puede marcar la diferencia entre contener un caso o permitir que la cadena de contagios continúe, y las motos sirven precisamente para facilitar y agilizar todo este trabajo ingente.
El actual brote supera ya los 5.000 casos detectados y las 2.300 muertes, con una ratio de mortalidad del 46% según los datos gubernamentales, cifras que superan ya el brote que hubo entre 2018 y 2020. Además de incluir a los motoristas al grupo de respuesta, la OMS destaca que ha añadido un centenar de epidemiólogos expertos a las tareas de respuesta para colaborar con los más de 500 profesionales locales, además de crear 400 camas adicionales para intentar contener el brote y tratar de la mejor manera posible a los enfermos.
