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El 1 de julio de 2006 entró en vigor el carnet por puntos en España. En aquel momento, hubo quien lo calificó como una nueva forma de meter mano en el bolsillo del conductor, quien aseguró que duraría cuatro días y quien estaba convencido de que aquello de perder el permiso por ir acumulando infracciones nunca terminaría de funcionar. En los bares, en los foros de internet y en las concentraciones moteras apenas se hablaba de otra cosa.
Sin embargo, aquí seguimos veinte años después. Seguimos protestando cuando llega una multa, seguimos acordándonos de la familia del radar de turno y seguimos mirando con preocupación cada sanción.
Antes una multa era únicamente una cuestión de dinero. Hoy muchos conductores piensan primero en los puntos.Ajuntament Lleida
Pero en 2006 la relación con el permiso de conducir era muy distinta. Para la mayoría era un documento que, una vez conseguido, te acompañaría toda la vida salvo que cometieras una auténtica barbaridad. El carnet por puntos cambió esa mentalidad. De repente, conducir dejó de ser un derecho prácticamente inamovible para convertirse en algo que también podía perderse poco a poco.
El miedo no era la multa… era quedarse sin carnet
Los primeros meses fueron casi de psicosis colectiva. Todo el mundo preguntaba cuántos puntos tenía, circulaban rumores sobre infracciones que ni siquiera existían y más de uno levantaba el pie del acelerador por miedo a estrenar un sistema que nadie terminaba de entender del todo.
La aplicación MiDGT es la herramienta indispensable para revisar cuántos puntos nos quedan, entre otras funciones.DGT
Los motoristas tampoco fuimos una excepción. En una época en la que las escapadas de fin de semana, las rutas de curvas y los viajes largos vivían un auténtico auge (recordemos que esto fue antes de la gran crisis de 2008), la posibilidad de quedarse sin carnet preocupaba especialmente a quienes utilizaban la moto como una forma de vida y no solo como un medio de transporte.
Con el paso de los años llegaron los cursos para recuperar puntos, las consultas habituales para comprobar el saldo y una pregunta que terminó formando parte del vocabulario de cualquier conductor: “¿Cuántos puntos tienes?”.
Lo que sí cambió… y lo que seguimos discutiendo
Junto con el móvil, los radares son el gran enemigo del saldo de puntos.Denny Muller/@redaquamedia/Unsplash
La propia DGT sostiene que el permiso por puntos ha contribuido de forma decisiva a reducir la siniestralidad en estas dos décadas y recuerda que, cuando se implantó, las carreteras españolas registraban más de 4.400 fallecidos al año. En 2024 (último año con datos consolidados), la cifra se situó en 1.785 muertes. Un número que, a pesar de seguir siendo muy elevado, es mucho más reducido.
Pero más allá de los números, hay algo que probablemente nadie discute: el carnet por puntos cambió la forma de entender las sanciones. Antes una multa era, sobre todo, un golpe al bolsillo. Ahora muchas veces preocupa más perder cuatro o seis puntos que pagar la cuantía económica.
¿Todavía quedará alguno en buen estado por ahí?DGT
Eso sí, hay costumbres que no han cambiado ni un ápice. Veinte años después seguimos diciendo que los radares están puestos para recaudar, seguimos maldiciendo las sanciones cuando llegan a casa y seguimos pensando que, esta vez sí, la multa era injusta.
Quizá esa sea la mayor paradoja del carnet por puntos. Nació rodeado de críticas y todavía hoy genera debates encendidos. Pero ahora, dos décadas después, cuesta imaginar un sistema en el que el permiso de conducir vuelva a ser simplemente aquel trozo de cartulina rosa guardado en la cartera.
