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El tráfico en las grandes ciudades siempre es motivo de controversia, los peatones reclaman un aire más limpio, los transportes públicos que nadie pises sus carriles y las asociaciones vecinales luchan por sus intereses.
Todos estos propósitos son loables, pero no hay que olvidar que una ciudad es un organismo simbiótico, y que necesita a todos sus habitantes. No podemos eliminar de una tacada a uno de sus componentes.
Mejorar la convivencia entre todos los colectivos es el objetivo a conseguir, pero ello no significa que haya que prohibir, sancionar o restringir el “uso” de la ciudad a determinados colectivos.
Si todos fuésemos peatones, ¿cómo se realiza el transporte de mercancías o un desplazamiento rápido? El transporte público no tiene suficiente capacidad, no todo el mundo puede desplazarse a pie, en bicicleta o VMP por lo que el transporte privado –moto y automóvil- es necesario.
Un scooter y un coche circulan por una calle del Eixample en Barcelona.
Manuel Torres
En este escenario la moto es una gran herramienta que alivia la congestión circulatoria. Concretamente, en Barcelona ciudad, se realizan más de 300.000 desplazamientos diarios en moto, imposibles de realizar con el transporte público -no tiene más capacidad- o en automóvil -ya no caben más-.
No se puede ir contra la moto… La moto es una solución, aunque sí, todo debe regularse, pero nunca prohibirse, vetar su circulación o entorpecerla.
Y es que la asociación ”Eixample Respira” de la Ciudad Condal emitió un comunicado hace unos días reclamando al consistorio barcelonés mano dura con la moto.
Reclaman que se limite su circulación, que se vigilen con lupa sus desplazamientos, que se prohíba el aparcamiento en todas las aceras -actualmente ya está vigente una nueva y restrictiva ordenanza municipal al respecto-, que haya más radares y que se hagan más controles.
La guinda viene de la mano de la petición de que se instaure un peaje para circular en moto por Barcelona… Y no se menciona para nada que se instaure un peaje para la riada de automóviles que entran cada día en la ciudad provenientes de la periferia… Todo un sinsentido.
Como argumentos esgrimen las cifras de siniestralidad de la Ciudad Condal, en la que la moto representa un 5,4% de los desplazamientos, pero está involucrada en el 50% de los siniestros.
Involucrada no significa inductora o generatriz de accidentes. Simplemente que es una víctima más, ya que forma parte de un colectivo vulnerable juntamente con las bicicletas, los patinetes o los peatones. Está demostrado que en más del 75% de los accidentes que sufren las motos en el ámbito urbano, los automóviles son los culpables.
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Según declara Eixample Respira, “las motos contribuyen significativamente a la mala calidad del aire –no es cierto- y son la principal fuente de ruido urbano –tampoco es cierto-, al mismo tiempo que ocupan una parte “desproporcionada” de las aceras –de eso ya se encarga la nueva ordenanza municipal-. Hay que considerar las motos como un problema que amenaza la seguridad y la salud pública de la ciudadanía y hay que aplicar medidas para reducir su uso a lo que sea estrictamente necesario”.
Evidentemente, cada uno vela por sus intereses o ve la paja en el ojo ajeno sin ver la viga en el suyo. En cuanto al verdadero problema de salud para los peatones, la actual amenaza son los patinetes eléctricos, cuyos propietarios no tienen ningún tipo de formación en normas de tráfico ni respeto hacia el más vulnerable.
Si todo fuese posible reducirse a lo estrictamente necesario, en Barcelona ciudad también se podría reducir el número de turistas, perros –hay censados más de 175.000-, patinetes eléctricos con gente sin carnet a sus mandos, jóvenes haciendo botellón y ruido a las tantas de la madrugada y gente que se pasa el día pidiendo que las ciudades se conviertan en pueblos…
