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No es la primera vez que hablamos de una transformación de un ciclomotor, ni será la última, y es que no damos crédito a lo que un preparador alemán le ha hecho a un humilde ciclomotor Puch de los 70.
El especialista Uwe Oltmanns —conocido por fabricar componentes a mano para propulsores BMW de preguerra— ha firmado una de las obras de ingeniería más irreverentes, viscerales e irracionales que se recuerdan en el panorama internacional del custom: la Puch Maxi S Pentacilíndrica.
Lo que nació en 1976 como un humilde ciclomotor utilitario de 48,8 c.c. concebido para los desplazamientos diarios, ha mutado en un monstruo de dos tiempos que desafía cualquier lógica.
Cinco cigüeñales en línea
El núcleo de esta demencial preparación radica en la drástica multiplicación de su planta motriz. Oltmanns tomó como punto de partida el bastidor de chapa estampada de una Puch Maxi S y adquirió otros cuatro motores idénticos, monocilíndricos de ciclo 2T, refrigerados por aire y con transmisión por variador.
No se desaprovecha un rincón.Uwe Oltmanns
Lejos de conformarse con la arquitectura de serie, desmontó por completo los cinco motores y rectificó cada cilindro hasta alcanzar los 70 c.c. de cilindrada.
El resultado es un bloque de cinco cilindros en línea dispuestos transversalmente, con una cilindrada total de 350 c.c. Cada motor tiene su propio carburador de compuerta redonda, un colector de escape independientes sin silencioso y embragues centrífugos.
Si tener un ciclomotor de 5 cilindros ya es un despropósito, este montaje es todo lo opuesto a la sencillez de uso… Y es que para arrancar el motor no sirve pulsar un botoncito o darle una patada al pedal de arranque.
Observa el basculante monobrazo trasero. Es de una Aprilia R125 GP.Uwe Oltmanns
Para que todos los motores cobren vida hay que hacerlo uno a uno y con un orden concreto. Se hace girar la rueda trasera para despertar al primer cilindro. Una vez que este alcanza la temperatura óptima de servicio, el preparador utiliza una llave inglesa para liberar de manera progresiva los embragues de los cuatro motores restantes, acoplándolos uno a uno hasta que los cinco pistones entonan un unísono ensordecedor.
Al completarse la secuencia de encendido, el estruendo de los dos tiempos combinados alcanza unos brutales 127,5 decibelios, una presión sonora que roza el umbral del dolor y emula la acústica de un avión de reacción en pista.
Pero si arrancar los motores tiene su metodología, apagarlos también tiene tela y es que la moto carece de un interruptor de corte convencional. Debido al calor residual y a la autoignición por compresión dentro de las cámaras, la única forma física de detener el motor es extraer las cinco bujías una a una.
ADN del Mundial de Velocidad
Semejante aberración mecánica requería un chasis y una parte ciclo capaces de digerir la torsión y el incremento de masa. Aunque el bastidor original se mantiene en su sección central, las suspensiones, las llantas y el basculante provienen de la alta competición.
En el tren posterior se ha adaptado un basculante monobrazo de aluminio procedente de la Aprilia RS 125 R de Gran Premio (utilizada por el piloto Ralf Waldmann en la temporada de 1993).
El faro y las pletinas, además de la llanta delantera y las torretas del manillar, son obra de Uwe también.Uwe Oltmanns
Este elemento se conecta a un amortiguador proveniente del mundo del BTT, y está dotado de bieletas y soportes de anclaje mecanizados en el propio taller de Oltmanns. El conjunto queda rematado por una llanta de magnesio de tres brazos fabricada por la prestigiosa firma PVM.
Para el tren delantero se ha optado por una horquilla invertida WP, también con especificaciones de la Aprilia 125cc de Gran Premio. Para su correcta integración, el artesano alemán mecanizó unas gruesas platinas triples a partir de bloques macizos de aluminio, además de fabricar los elevadores de manillar, los puños y el cubo de la llanta delantera y los tres palos a juego con la PVM trasera. El sistema de frenado se confía a componentes de Braking con un disco delantero y otro trasero
Estética radical
En el apartado estético se ha optado por una decoración también inusual, gracias a la aplicación de una pintura texturizada y a intrincados gráficos mediante aerografía, obra del especialista alemán Pfeil Design, aportando un acabado pulcro que contrasta con la brutalidad de los escapes expuestos.
Sin embargo, el detalle estético más fascinante se encuentra en el faro. Según relatan los círculos cercanos al preparador, la idea surgió de madrugada tras una larga jornada de fiesta; Oltmanns se encerró en su taller y, empleando tecnología de prismas inspirada en las ópticas del exclusivo BMW Z8, mecanizó la carcasa del faro antes de irse a dormir, sorprendiéndose a sí mismo al día siguiente con el resultado.
El autor y su obra.Uwe Oltmanns
La exageración mecánica siempre es admirable, pero en este caso la cosa se ha ido de las manos. Tal y como afirma el propio creador, esta Puch Maxi pentacilíndrica es inconducible, tanto por la nula ergonomía de su diseño -no le ha colocado estriberas porque no hay sitio-, como por el terrible calor que emana del conjunto o por el tremendo ruido que emiten sus cinco escapes.
Su único destino será permanecer inmóvil en un pedestal, como una soberbia escultura mecánica que, de cuando en cuando, cobrará vida tras el particular y laborioso proceso de arranque.
