No es habitual que una marca con seis décadas de historia, consiga que un aniversario se traduzca en un producto que funciona tanto para el nostálgico como para quien busca su primer scooter de 125 cc. Lambretta lo ha logrado con la nueva J 125, presentada como uno de los grandes protagonistas del pasado EICMA de Milán y que ahora aterriza en el mercado español.
El modelo original, el Lambretta J de 1964, fue en su momento una apuesta por la ligereza y la accesibilidad dentro de la gama de la marca italiana. Sesenta años después, la firma no se limita a copiar aquel diseño: lo reinterpreta con un lenguaje visual completamente actual, apoyado en la cultura del surf y el ambiente de playa.
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El elemento más reconocible de esta nueva etapa es una pieza situada sobre el escudo delantero que evoca una pequeña tabla de surf, convertida en la seña de identidad del modelo y en la base de todo el sistema de personalización.
Personalización real, no solo de catálogo
Aquí está uno de los argumentos de venta más interesantes de la J 125: Lambretta ha desarrollado kits gráficos intercambiables para el frontal, los guardabarros y otros elementos de la carrocería, permitiendo que cada propietario configure una unidad prácticamente única sin necesidad de recurrir al aftermarket. A esto se suma la colaboración con el artista neerlandés Piet Linnebank, responsable de la colección Art on Wheels, que fusiona arte figurativo y estética cómic en diseños intercambiables. No es habitual ver este nivel de colaboración artística en el segmento urbano de 125cc, y es un movimiento que puede marcar tendencia si otras marcas deciden replicarlo.
Pese a esta renovación estética, el diseño conserva rasgos históricos irrenunciables: la silueta «long and low» característica de la marca y el inconfundible faro delantero hexagonal, dos elementos que cualquier aficionado a la marca reconocerá al instante.
Mecánica y parte ciclo: coherencia con el ADN Lambretta
En el apartado técnico, la J 125 monta un propulsor monocilíndrico de 124,6cc, cuatro tiempos, cuatro válvulas y refrigeración líquida, homologado según normativa Euro 5. Nada extravagante para el segmento, pero sí un planteamiento coherente con el uso urbano e interurbano al que está destinado.
Donde sí hay una declaración de intenciones más clara es en la parte ciclo. La suspensión delantera de doble brazo articulado con doble amortiguador es una solución técnica que forma parte de la historia de la marca desde hace décadas, y verla mantenida en un modelo de acceso demuestra que Lambretta no ha querido sacrificar identidad por simplificar costes. Se completa con un monoamortiguador trasero regulable en precarga, pensado para ajustar el comportamiento según carga y preferencia del usuario.
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El frenado corre a cargo de discos hidráulicos de 220 mm en ambos ejes, con ABS de doble canal, mientras que las llantas de 12 pulgadas (110/70 delante y 120/70 detrás) buscan ese equilibrio entre agilidad en ciudad y estabilidad a velocidades de carretera secundaria. Las cotas –1.890 mm de largo, 1.340 mm de distancia entre ejes y solo 790 mm de altura de asiento– apuntan a una accesibilidad pensada para un abanico amplio de estaturas, algo especialmente relevante para quienes se inician con el carnet A1 o AM.
Equipamiento pensado para el día a día
La J 125 no se queda atrás en conectividad y comodidad. Incorpora una pantalla TFT multifunción con conexión al smartphone, puertos de carga USB tipo A y tipo C, y una llave inteligente premium que permite desbloquear, arrancar, abrir el asiento o localizar el vehículo sin sacarla del bolsillo. El depósito frontal de 9 litros facilita el repostaje sin levantar el asiento, y el hueco bajo éste tiene espacio suficiente para un casco integral, un detalle que se agradece en el uso urbano diario.
Precio, gama y garantía
La nueva Lambretta J 125 ya está disponible en los concesionarios españoles por 3.999 euros, en cinco colores –rojo, negro, gris, blanco y amarillo– que refuerzan su vocación urbana. La marca respalda el modelo con cinco años de garantía, un argumento nada menor a la hora de competir en un segmento donde la fiabilidad percibida pesa tanto como el diseño.
Con esta J 125, Lambretta demuestra que es posible celebrar el legado sin quedarse anclado en él. Es un movimiento que conecta con el motero que valora la herencia de marca, pero también con quien busca un scooter de 125 con personalidad propia para su día a día.
