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Un nuevo estudio encargado por la Dirección General de Tráfico (DGT) desarrollado por investigadores andaluces demuestra el impacto de la salud mental en la conducción al detectar que problemas como la ansiedad, la depresión o el trastorno bipolar disparan la siniestralidad vial.
Un equipo de científicos de la Universidad de Granada (UGR), integrado en el Centro de Investigación Mente, Cerebro y Comportamiento (CIMCYC), ha elaborado un informe para la DGT en el que se analizan las condiciones psicofísicas de los conductores con trastorno de estados de ánimo y ansiedad, una amplia revisión que analiza la relación entre salud mental, fármacos y seguridad vial.
Las autoras advierten de que, aunque los trastornos mentales afectan aproximadamente al 34% de la población española, solo el 0,63% de quienes renuevan el permiso de conducir informan de que tienen alguna afección. Esa brecha representa un grave problema para la seguridad vial.
El informe recuerda además que las enfermedades mentales se asocian a un mayor riesgo de accidente de tráfico y que los conductores con dichos trastornos presentan un riesgo relativo de siniestralidad un 72% superior respecto a la población sin estas patologías.
“La seguridad vial no puede abordarse exclusivamente desde factores técnicos, sino que requiere considerar también variables emocionales, cognitivas, laborales y psicosociales”, explica Cándida Castro Ramírez, catedrática de Psicología de la UGR. “La investigación defiende un enfoque multidisciplinar que combine prevención, salud mental y seguridad vial, evitando la estigmatización de las personas con trastornos psicológicos y promoviendo campañas de concienciación sobre el consumo de psicofármacos y sus posibles efectos”, agrega la directora del estudio.
Enfermedades y pastillas afectan a la conducción
Los análisis denotan que la depresión mayor puede deteriorar funciones ejecutivas fundamentales para la conducción, como la atención sostenida, la velocidad de reacción y la toma de decisiones.
En personas con ansiedad, se han observado problemas de control atencional y disminución de la autoeficacia al volante, mientras que en el trastorno bipolar persisten alteraciones en la atención y el procesamiento de la información, incluso en fases de remisión clínica.
Asimismo, los experimentos con simuladores y pruebas en carretera sugieren que las personas con depresión parcialmente remitida pueden recuperar capacidades de conducción similares a las de conductores sanos, siempre que mantengan estabilidad clínica y funcionalidad psicosocial adecuada.
El análisis del impacto de determinados psicofármacos subraya que algunos antidepresivos con propiedades sedantes, así como benzodiacepinas e hipnóticos, alteran temporalmente las capacidades psicomotoras necesarias para conducir de forma segura.
Entre los efectos detectados figuran somnolencia, disminución del estado de alerta, ralentización psicomotora, problemas de coordinación y aumento de movimientos irregulares del vehículo. Algunos antidepresivos incrementan la desviación lateral hasta niveles comparables con elevadas tasas de alcohol en sangre.
La revisión concluye que la combinación de antidepresivos y benzodiacepinas potencia el deterioro de la conducción y aumenta el riesgo de siniestralidad, especialmente en conductores jóvenes y personas mayores.
