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Pocos nombres en
el mundo del motor despiertan tanta simpatía como el de Richard Hammond, el
carismático y entusiasta expresentador de Top Gear y The Grand Tour. Aunque su
fama internacional proviene de sus espectaculares programas televisivos junto a
Jeremy Clarkson y James May, su verdadera pasión no son los coches: son las
motos. A lo largo de los años, Hammond ha reunido una colección ecléctica y
profundamente personal que refleja su amor por la historia, la ingeniería y la
emoción sobre las dos ruedas. Pocos moteros más auténticos hay ahí fuera.
Hammond ha
reconocido en numerosas entrevistas que se siente más cómodo sobre una moto que
al volante de cualquier superdeportivo. Desde joven soñaba con motocicletas, y
con el éxito televisivo pudo cumplir el sueño de pilotar varias de sus máquinas preferidas… ¡y a gran escala! Lejos de buscar modelos exclusivos solo por su valor económico, su colección
revela una mirada romántica y nostálgica hacia la evolución del motociclismo, con un concocimiento técnico exquisito y un gusto especial por modelos que representaron un antes y un después en la historia de estos vehículos.
En el extenso vídeo que DRIVETRIBE ha preparado, de 20 minutos, Hammond repasa las joyas de la corona que harían las delicias de cualquier entusiasta motorista:
Clásicas británicas y joyas modernas
Entre las piezas
más destacadas de su garaje se encuentran varias Triumph de distintas épocas,
incluyendo una Triumph Bonneville T120 y una Thruxton, ambas símbolos del
diseño británico clásico. También posee una Norton Commando y una BSA Gold
Star, motos que definieron la edad dorada del motociclismo británico en los
años 50 y 60.
Pero Hammond no
se limita al pasado. Su colección incluye modelos contemporáneos de Ducati, BMW
y Moto Guzzi, marcas que admira por su combinación de estilo, tecnología y
carácter. Su BMW R nineT y su Ducati 916 son, según él mismo, “motos con alma”,
máquinas que transmiten algo más que potencia o velocidad. En el vídeo, se muestra peculiarmente enamorado de sus Kawasaki y Suzuki, las máquinas japonesas que más innovaron con las superdeportivas en los ochenta y los noventa.
En 2021, Hammond
dio un paso más allá de la mera afición y fundó su propia empresa, The Smallest
Cog, un taller dedicado a la restauración de vehículos clásicos. Allí también
se encargan de devolver a la vida motos históricas, algunas pertenecientes a su
colección personal. Para él, la restauración es una forma de rendir homenaje a
la artesanía mecánica y mantener viva la herencia del motor.
La pasión de
Hammond por las motos no está exenta de riesgos. Ha sufrido varios accidentes
graves, el más famoso durante el rodaje de The Grand Tour en Suiza en 2017,
cuando pilotaba un Rimac eléctrico. Sin embargo, en su vida cotidiana, ha
contado que los sustos más serios los ha tenido precisamente sobre dos ruedas.
Aun así, nunca ha considerado dejar de montar: “Conducir una moto te conecta
con la carretera, con el aire, con el momento. No hay nada igual”.
Más allá del
coleccionismo, Hammond representa una forma de entender la moto como símbolo de
libertad y autenticidad. No busca deslumbrar con rarezas ni récords de
velocidad, sino disfrutar del simple acto de conducir. Su garaje, repleto de
modelos de distintas épocas y procedencias, no es un museo: es el reflejo de
una vida entera dedicada al rugido de los motores y al placer de rodar sin
destino fijo.
En un mundo donde el lujo y la ostentación dominan el coleccionismo automovilístico, él prefiere seguir sintiendo el viento en la cara cuando conduce por mero placer.
