El kit de Krämer no solo transforma la Super Duke en una máquina de circuito plenamente funcional, sino que también reaviva la llama de la RC8 en la memoria de los entusiastas. No es una superbike oficial de KTM, pero sí la interpretación más cercana a lo que pudo haber sido su sucesora natural.
Y lo más importante, ofrece a los pilotos aficionados una herramienta exclusiva, eficaz y mucho más accesible que entrar en el costoso mundo de las motos de competición diseñadas desde cero.
La Super Duke R siempre se ha definido como “la bestia” dentro del universo KTM: un chasis ágil, un motor V-twin de gran cilindrada y un carácter salvaje. Sin embargo, su configuración naked nunca le permitió competir de tú a tú con las superbikes carenadas en el terreno para el que muchos la deseaban: los trackdays y las carreras de aficionados. Ahora, con el nuevo kit de Krämer, esa limitación desaparece.
Así es el kit de Krämer para la KTM Super Duke
El paquete desarrollado por la compañía alemana incluye carrocería aerodinámica de fibra de vidrio y Kevlar, depósito trasero de 22 litros con asiento regulable, semimanillares, estriberas retrasadas y ajustables, una tija superior mecanizada en CNC y hasta un conducto de aire específico para competición. Sin olvidarnos, claro está, del silenciador compatible con el sistema original, lo que permite mantener la moto dentro de una legalidad técnica accesible en tandas y carreras privadas.
El primer lote de tan solo 30 kits ya está agotado, lo que demuestra el enorme interés de los aficionados. Para el mes de noviembre se espera una segunda tanda de 20 unidades adicionales. Ojo, el precio, en Alemania, arranca en 6.990 euros, una cifra elevada, pero bastante más razonable que la adquisición o desarrollo de una moto de carreras completa desde cero.
El propio fundador de la compañía, Markus Krämer, lo explica con claridad: “Es mucho más asequible partir de una base ya probada como la Super Duke que diseñar un prototipo de competición desde cero. Así logramos llegar a un público al que antes no podíamos ofrecer nada”.
El equipo de desarrollo de Krämer, en el que participa el diseñador Danny Wilhelm, antiguo ingeniero de KTM involucrado en la RC8, Moto3 y MotoGP, tuvo que superar varios retos. La Super Duke está concebida como naked de calle: con depósito alto, asiento elevado y geometría adaptada a la carretera, no a la pista. “Llamamos a esto el problema de la transformación”, explica Wilhelm.
La solución pasó por rediseñar la disposición de la admisión y el depósito, reubicar parte de la electrónica y crear un nuevo flujo de aire comprimido para que la moto no solo pareciera una superbike, sino que también se comportara como tal al rodar.
Aunque Krämer subraya que el desarrollo es totalmente interno, reconoce que informó previamente a KTM para evitar malentendidos. La confirmación de que la marca austríaca no trabaja en una sucesora directa de la RC8, convierte este kit en la opción más cercana de que los fans puedan tener hoy a una superbike moderna firmada por KTM.
Pero Krämer no se detiene aquí. Ya prepara piezas de alto rendimiento adicionales como un radiador sobredimensionado, alerones delanteros y traseros, y un kit electrónico Mectronik pensado para los que busquen el máximo rendimiento en la gestión del motor.
