España mira al tren tras la tragedia, pero la emergencia también está en la carretera

España mira al tren tras la tragedia, pero la emergencia también está en la carretera
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Los recientes accidentes ferroviarios de Adamuz y Urda han vuelto a poner sobre la mesa una cuestión incómoda: las infraestructuras españolas envejecen más rápido de lo que se invierte en ellas. El debate se ha centrado en el ferrocarril, en el estado de las vías y en la necesidad de reforzar los recursos destinados al mantenimiento. Sin embargo, los datos muestran una realidad aún más contundente: si el tren necesita una importante inyección económica, la carretera exige un esfuerzo tres veces superior.

Según las estimaciones de Seopan, la patronal que agrupa a las grandes constructoras y concesionarias de España, el país debería invertir 127.341 millones de euros en conservación y mantenimiento de infraestructuras durante la próxima década. De esa cifra, 58.369 millones corresponden a carreteras, muy por delante de los 20.280 millones destinados al ferrocarril y de los 48.692 millones para infraestructuras hidráulicas.

Las carreteras secundarias son las más problemáticas a nivel de conservación y accidentes de tráfico mortalesAntonio Garcia / EFE

Traducido a cifras anuales, el sector ferroviario requiere algo más de 2.000 millones de euros al año para mantener en condiciones adecuadas tanto la red convencional como la alta velocidad. Las carreteras, en cambio, necesitarían cerca de 5.800 millones anuales, prácticamente tres veces más.

La diferencia no es casual. España cuenta con una de las mayores redes viarias de Europa y arrastra años de inversión insuficiente. La Asociación Española de la Carretera (AEC) calcula que más de la mitad de la red presenta deterioros graves o muy graves y que unos 34.000 kilómetros necesitan actuaciones urgentes. El déficit acumulado de conservación ya supera los 13.400 millones de euros.

Si bien los accidentes ferroviarios tienen una enorme y lógica repercusión mediática, lo cierto es que los trenes siguen siendo uno de los medios de transporte más seguros a nivel estadístico incluso después de las recientes tragedias. Es precisamente por ello que cualquier incidente genera alarma y obliga a revisar procedimientos, infraestructuras y recursos, algo que no ocurre de la misma manera con las muertes “normalizadas” en la carretera.

Sin embargo, la comparación con la carretera resulta inevitable. Mientras los accidentes ferroviarios son excepcionales, la siniestralidad vial forma parte de una estadística constante. Solo durante los meses de julio y agosto, este verano, fallecieron 240 personas en las carreteras españolas, con 65 víctimas en autopistas y autovías según los datos compartidos por la Dirección General de Tráfico (DGT). Cada año, el número de fallecidos en las carreteras de España supera el millar de personas.

La Guardia Civil actúa en el lugar de un accidente de tráfico mortal reciente en EspañaMariam A. Montesinos / EFE

Entre 2018 y 2025, según la memoria del CIAF, se registraron en España 165 muertes por accidentes ferroviarios. En 2026, evidentemente, se ha disparado esa cifra a 115 después de las tragedias de la alta velocidad en Urda y Adamuz. Son cifras destacables, pero incomparables con el drama cotidiano de la carretera. Los expertos y asociaciones piden un mayor compromiso con la conservación de estas infraestructuras críticas.

En el caso ferroviario, Seopan estima que durante los próximos diez años serán necesarios 8.829 millones para la alta velocidad y 11.450 millones para las líneas convencionales. El aumento del tráfico ferroviario tras la liberalización, con crecimientos cercanos al 47% respecto a 2019, incrementa además la presión sobre una red que necesita más personal, equipos de mantenimiento y renovación de activos.

Escena del último accidente de la alta velocidad en Urda, ToledoIsmael Herrero / EFE

Pero incluso sumando todas esas necesidades, la factura ferroviaria sigue quedando muy por debajo de la que presentan las carreteras.

La conclusión que extraen ingenieros, conservadoras y constructoras es clara: cada puente, cada vía férrea, cada presa y cada kilómetro de asfalto tienen una vida útil que depende directamente de la inversión en mantenimiento. Ignorar esa realidad puede no notarse durante años. Hasta que un día se convierte en noticia.

Las cifras indican que, hoy por hoy, el mayor desafío no está únicamente en las vías del tren. También se dispersa, cada día, incontrolable, por los más de 160.000 kilómetros de carreteras españolas. Otro melón es el de la conservación de las vías hídricas que alimentan a todo el país de agua, un bien cada vez más escaso.