![]()
Durante los años 2022 y 2023, los scooters eran parte esencial del paisaje de Miami. Repartidores, trabajadores informales y residentes utilizaban estos vehículos para evitar el tráfico, reducir gastos y moverse con agilidad por la ciudad. Hoy, esa imagen ha cambiado drásticamente.
Uno de los principales factores que explican este cambio es la creciente ofensiva contra los inmigrantes promovida por Donald Trump y respaldada por nuevas normativas que han endurecido el control policial en zonas donde antes era común ver este tipo de transporte.
Yonathan Rodríguez, un venezolano de 40 años que reside en Miami, lo resume con contundencia: “Conducir un scooter en Miami es como tener un tatuaje en la cara. Las autoridades dicen: ‘oye, páralo, si está manejando una moto, probablemente no tiene papeles'”. En declaraciones recogidas por ‘El País’, Rodríguez añade: “El miedo a la deportación se nota en la calle. Antes se veían muchísimas más motos que ahora”.
Para él, la diferencia es clara: “Para que te paren en un coche tienes que cometer una infracción. La policía asume que el que anda en una moto es muy probable que no tenga papeles”. Su testimonio refleja una preocupación generalizada entre los inmigrantes, especialmente los latinos, que ven en el simple hecho de usar un scooter un riesgo innecesario ante el creciente control migratorio.
La caída en el uso de scooters no es solo una cuestión de movilidad, sino un síntoma del clima político y social que se vive en muchas ciudades de Estados Unidos. Y Miami, con su alta población latina, se ha convertido en un epicentro visible de esta transformación silenciosa.
