Precios por las nubes, pérdida de competitividad y un futuro incierto es lo que estaban generando las políticas europeas en materia de movilidad. Los planes establecidos hace unos años en los que la Unión Europea, con sus 450 millones de habitantes, iba a cambiar el rumbo del planeta y sus 8.000 millones, han puesto en un aprieto a una de las grandes industrias: la de la automoción.
Las políticas medioambientales, sin duda necesarias pero totalmente inválidas cuando se es un porcentaje tan pequeño del mundo, no son efectivas. Pero mientras, muchos sectores están viviendo una auténtica caza de brujas que está dando la puntilla a la industria europea en general, y a la de la automoción en particular.
Las decisiones han generado una falta de competitividad evidente en la industria europea
Mientras que en la Unión Europea los requisitos medioambientales para quien fábrica o produce en ella son unos, para quienes importan productos de la competencia no tienen que someterse a ellos porque están realizados en otros países.
En el caso de la automoción, las políticas europeas eran bastante tajantes. Para 2035 se acababan los motores de combustión, aunque la moto siempre se mantuvo al margen, pues no definía claramente, y las emisiones totales de las motos son mínimas comparadas con el resto de los vehículos.
El cambio en las políticas europeas cambia el panorama ligeramente, pero podría ser el inicio de una tendencia
Pero ahora que Europa está sumida en una pérdida de competitividad, a 9 años de la entrada en vigor de esa norma, esta va a cambiar. Según confirmaba Manfred Weber, presidente del Partido Popular Europeo a Bild: “Para los nuevos registros a partir de 2035, una reducción del 90 % de las emisiones de CO₂ será ahora obligatoria para los objetivos de flota de los fabricantes de automóviles, en lugar del 100 %”. Para añadir: “Tampoco habrá un objetivo del 100 % a partir de 2040. Esto significa que la prohibición tecnológica de los motores de combustión queda descartada”.
Estas medidas, que como decíamos estaban principalmente enfocadas a coches y furgonetas, da pie a un nuevo horizonte en el que un 100% de vehículos eléctricos no será obligatorio, no solo en 2035, sino tampoco en 2040.
Quizás este cambio en las políticas europeas sea el previo a una búsqueda de mayor efectividad en los motores con hibridación o, tal vez, el primer paso para que se baje de ese porcentaje y la competitividad de Europa como nación de naciones aumente para poder plantar algo de batalla. Veremos.
