puede ser una trampa mortal

Roof Djagger
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Hay prototipos que nacen para provocar debate, otros para llamar la atención… y algunos para hacer saltar todas las alarmas. El Roof Djagger, un casco de moto francés, de diseño plegable y aspecto casi sacado de la película «Iron Man» (y del que os hablamos largo y tendido), pertenece claramente a este último grupo.

Desde su presentación, a finales del año pasado, se ha hecho viral en redes sociales por su estética futurista y su planteamiento radical. Pero hay un detalle que ha encendido los debates: la forma en la que, según su propio fabricante, debe retirarse en caso de accidente.

La polémica estalló tras una respuesta oficial de Roof en Instagram, cuando un usuario preguntó cómo actuarían los servicios de emergencia ante un motorista inconsciente que llevara este casco. La respuesta de la marca fue, como mínimo, inquietante: basta con retirar los tornillos de ambos lados de la carcasa lateral. Después, la parte frontal se abre inclinándola hacia arriba, dejando la cara y las vías respiratorias completamente expuestas, mientras la cabeza y el cuello permanecen supuestamente estabilizados en la carcasa trasera.

Leído así, puede sonar técnico, incluso razonado. Pero trasladado a la realidad de un accidente, es un auténtico problema, como poco. Volviendo a la tierra, hoy en día, prácticamente el 99 % de los cascos de motocicleta homologados incorporan sistemas de extracción rápida de las carrilleras. Son simples, visibles, están marcados con lengüetas rojas y permiten a los servicios médicos retirar el casco en segundos, minimizando cualquier movimiento del cuello. Es un sistema probado, estandarizado y que ha salvado incontables vidas. Tal cual.

Frente a eso, el Djagger propone un procedimiento que exige tiempo, precisión y una herramienta específica. De hecho, hay que localizar los tornillos, contar con el destornillador adecuado tipo Torx, y saber de antemano que ese casco no se desmonta como cualquier otro. En una situación de emergencia real, cada segundo cuenta. Pedir a un equipo sanitario que pierda tiempo buscando cómo desmontar un casco es, sencillamente, jugar con fuego y quemarse, eso seguro.

Así es el Roof Djagger

Como todos sabemos, el Roof Djagger se presentó en el último EICMA como un prototipo rompedor: sin la tradicional barbillera y con una placa trasera motorizada que se despliega y envuelve la cabeza para lograr un ajuste perfecto. Supuestamente, porque cualquiera que haya probado cascos sabe que no existen 2 cabezas iguales. Tamaños, formas, peinados… pensar en un sistema universal mecanizado que se adapte a todos por igual es, como poco, ingenuo.

La ironía es que el propio autor de la crítica, que ha circulado por redes, recuerda cómo le retiraron el casco los servicios de emergencia tras un accidente grave hace una década. Gracias a un sistema simple, visible y universal. Sin tornillos. Sin herramientas. Sin complicaciones innecesarias.

La marca francesa defiende que, una vez retirada la parte frontal, la carcasa trasera mantiene estable la cabeza y el cuello. Y sobre el papel, suena bien. Pero nada de eso elimina el problema principal: antes hay que quitar tornillos. Y para eso hacen falta tiempo, herramientas y conocimiento previo. 3 cosas que no siempre están disponibles cuando un motorista se debate entre la vida y la muerte en el asfalto.

Una cosa está clara, la innovación es necesaria. El progreso también. Pero no todo necesita reinventarse, digitalizarse o mecanizarse. Hay soluciones que son absurdamente simples porque funcionan: un sistema de extracción rápida manual sigue siendo imbatible cuando hablamos de emergencias. Cuando hablamos de seguridad, la complejidad casi nunca es una virtud. Y en el caso del Roof Djagger, más que una revolución, su sistema de acceso para emergencias parece una lección de todo lo que no debería hacerse.