podrías pagar hasta 3.000 euros

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Cada fin de semana, millones de personas abandonan la rutina urbana para disfrutar de unas horas en contacto con la naturaleza. Conocidos popularmente como domingueros, estos ciudadanos dejan atrás calles, semáforos y ruido para adentrarse en entornos rurales donde desconectar y, de paso, saborear alguna comida típica al aire libre.

Esta escapada semanal se ha convertido en toda una tradición que gana adeptos cada año. Basta con observar el estado de las carreteras principales de acceso a las ciudades durante el fin de semana: retenciones kilométricas por la mañana en dirección al campo y, al anochecer, el colapso del regreso. Pero este éxodo urbano conlleva consecuencias que no siempre se conocen o respetan.

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Circular por el campo: una infracción muy común

Muchos aprovechan la salida para realizar actividades deportivas, como el ciclismo o el uso de motos de campo y vehículos todoterreno. Sin embargo, lo que para algunos es una aventura inofensiva, la ley lo considera una infracción seria. La circulación con vehículos a motor fuera de las vías habilitadas está completamente prohibida en la mayoría de los casos, aunque muchos lo ignoren.

Dos leyes estatales regulan este comportamiento. Por un lado, la Ley de Montes 43/2003 y, por otro, la Ley de Vías Pecuarias 3/1995. Ambas son claras: circular con vehículos motorizados por lo que entendemos como “campo” está terminantemente prohibido, salvo en casos muy concretos, como caminos privados o desplazamientos con autorización expresa. Incluso si se trata de pistas aparentemente acondicionadas, sin el permiso correspondiente, no se puede circular.

Este tipo de infracciones pueden conllevar multas que oscilan entre los 500 y los 3.000 euros, especialmente si se considera que existe daño ecológico.

El fin de una práctica habitual por las multas

La normativa es aún más estricta si se tiene en cuenta que cada municipio puede establecer sus propias ordenanzas. Por tanto, para circular legalmente por una pista, hay que consultar las normas locales y, si se permite, obtener la autorización pertinente. La falta de esta información ha hecho que muchos aficionados al todoterreno hayan acumulado cuantiosas sanciones. Como resultado, esta práctica, antaño común en España, está viendo reducido su número de adeptos de forma notable.