Marc Márquez, el odio y la impotencia

Marc Márquez, el odio y la impotencia

La lesión de Marc Márquez supone el enésimo tropiezo en la misma piedra de siempre.

12 de mayo de 2026 (20:41 CET)

Marc Márquez en la salida del Sprint de Le Mans

“Si no brillo yo, brilla mi ausencia / no me odiáis a mí, odiáis a vuestra impotencia”, rimaba Kase.o hace ya varias décadas en una métrica sencilla en la forma; pero de una enorme profundidad en cuanto a contenido. Una frase que resume a la perfección la animadversión que sufren cientos, miles y hasta millones de personas hacia famosos que no saben de su existencia.

Igual que el fenómeno fan, el fenómeno ‘hater’ se caracteriza por ser, en la inmensa mayoría de los casos, unidireccional. Y, por lo tanto, propenso a condenar al sufrimiento a quien lo profesa. Aplicado al motociclismo, ser ‘hater’ de un piloto ya es algo negativo en sí mismo (ya que lo maravilloso es disfrutar de todos); pero ser ‘hater’ de pilotos legendarios es pegarse un tiro al pie. Sobre todo si siguen en activo.

Porque implica sufrir con sus múltiples victorias y éxitos; y disfrutar de sus desgracias, lo cual no es algo bonito. De igual forma, este odio también suele ir acompañado por la minimización de sus logros (tarea hercúlea dada la magnitud de los mismos), la exaltación de sus fracasos y, desde hace unos años, el convencimiento de que el 93 está acabado.

Hay quienes llevan ya unos seis años abrazados a ese mantra, expresándolo en mayúsculas muy grandes ente múltiples signos de exclamación durante los periplos que el de Cervera tuvo que ver las carreras por televisión – o cuando se frustraba con una Honda que perdió el rumbo con su lesión-; y desapareciendo como Homer entre los arbustos cuando tuvo la moto y el físico suficientes para exhibir un nivel cercano al de su plenitud.

Son esos mismos ‘haters’ los que, después de más de un año escondidos a una profundidad similar a la fosa de las Marianas, vuelven a surgir de la nada al calor del último contratiempo del piloto español, que ha vuelto a pasar por el quirófano para solventar el problema que le estaba atenazando en este inicio de 2026.


Marc Márquez pone la placa de 2025 en la torre de campeones de MotoGP

Se leen estos días cosas como que Marc Márquez está acabado, que no volverá a ganar (o ni siquiera a correr), e incluso que su ‘mal’ rendimiento en los primeros grandes premios de la temporada se debe a su falta de nivel. Y bueno, hasta eso de que ganaba por la moto.

Es la misma piedra de siempre y el enésimo tropiezo de los mismos.

De todo lo que dijo, contó, confesó y explicó Marc Márquez el domingo al hablar de la operación programada en el hombro, la frase clave es la siguiente: “después de Jerez fui a buscar un problema, y lo encontraron. A veces tú vas al doctor y te dicen: ‘pues no vemos nada’. Pero encontraron lo que había”.

Eso, y el éxito de las operaciones a las que se sometió este lunes hacen pensar que la probabilidad de que Marc Márquez vuelva a ganar carreras es realmente alta, y la posibilidad de que vuelva a ser campeón del mundo es muy real.

Puede que no pase, claro está. Esa posibilidad siempre ha existido y siempre existirá. Pero, atreverse a afirmar lo contrario es, como poco, arriesgarse a tropezar con la misma piedra. Por enésima vez.

Y volver a demostrar que el brillo de su ausencia es tal que sus haters necesitan hablar de él aunque no esté en pista. Porque no le odian a él, odian la impotencia que les causa verle ganar una y otra vez; y vienen de un 2025 en el que han acumulado muchísima rabia al verle consumar el mayor retorno de la historia del motociclismo.

Y son ese odio y esa impotencia los que les hacen olvidar una y otra vez cuál es la ley número 93 del estado de MotoGP:

‘Nunca des por acabado a Marc Márquez’.