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Paulatinamente, el mundo del offroad se va decantando por las motos que ofrecen la mejor relación peso-potencia-efectividad, dejando de lado los tabús más habituales, algo que queda patente con esta moto offroad eléctrica Jarv-E.
En el mundo del off-road, hay nombres que pesan por sí solos, y el de Graham Jarvis es, sin duda, el que más “tracción” genera cuando hablamos de trial, enduro y hard enduro.
El veterano piloto británico, tras décadas dominando las secciones más imposibles del planeta sobre motos con motores de dos tiempos, cinco veces campeón del Erzberg Rodeo o siete veces del Romaniacs, ha decidido dar el salto al vatio.
Pero no lo ha hecho como un simple embajador, ya que la Jarv-E nace de su propia experiencia, diseñada desde cero para lo que él mejor sabe hacer: el Hard Enduro técnico.
Pensada para el obstáculo
A diferencia de otras propuestas eléctricas que derivan del motocross (como la Stark Varg), la Jarv-E ha sido esculpida bajo los preceptos del trial moderno. Desarrollada junto al ingeniero austriaco David Freidinger, la moto apuesta por un chasis tubular de acero al cromomolibdeno realmente pequeño y componentes de aluminio mecanizados como un vistoso basculante, o los soportes de las estriberas que buscan, ante todo, centralización de masas y agilidad.
Creada por un experto en Hard Enduro, para profesionales.Jarv-E
El conjunto es minimalista, dejando claro que aquí la función dicta la forma: pletinas mecanizadas, asiento corrido y estrecho y una ergonomía ajustada con una estrechez extrema para facilitar el movimiento del piloto en pasos angostos.
Para controlar su potencia en terrenos descompuestos, se ha confiado en un esquema de suspensiones Sirris F43 de alto rendimiento -horquilla invertida y monoamortiguador trasero-, ajustadas específicamente para buscar tracción en baja velocidad. Monta la configuración clásica de “pata negra” en enduro: 21” delante y 18 detrás, permitiendo el uso de neumáticos y mousses convencionales, algo vital para los puristas del sector.
Con un peso contenido de 95 kg, se sitúa en la liga de las 300 c.c. de combustión, pero con la ventaja de eliminar las inercias del cigüeñal y el calor del escape.
Cifras que asustan
En el apartado mecánico, la Jarv-E no se queda corta. Su motor rinde una potencia máxima de 50 kW (unos 67 CV), una cifra desorbitada para el enduro extremo, si no fuera por la gestión electrónica, con una gran capacidad de parametrizar cada detalle a través de una app dedicada.
La batería extraíble de 5.6 kWh promete hasta 5 horas de autonomía en modo “Super Eco”, aunque en un uso real de carrera rápida (Fast Race) nos moveremos entre la hora y media y las dos horas.
Tiene una pinta brutal.Jarv-E
Sin embargo, el punto disruptivo es su sistema de intercambio rápido de batería, que permite sustituir el pack en apenas 30 segundos; un guiño directo a la competición donde cada segundo cuenta.
Exclusividad austriaca
La JARV-E no es —de momento— una moto de masas. Se fabricará en Austria bajo una serie limitada de 100 unidades numeradas (Signature RAW Model), que comenzarán a ensamblarse en abril, unidades que ya se pueden reservar bajo pedido a través de su web. Aunque todavía no es legal para circular por vías públicas, la marca ya trabaja en su homologación.
Estamos ante la primera eléctrica que no intenta ser una “moto total”, sino una herramienta de precisión quirúrgica para el Hard Enduro. Graham Jarvis ha entendido que el motor eléctrico, por su entrega de par inmediata y su control milimétrico, es el aliado perfecto para subir por donde las leyes de la física dicen que no se puede.
Si la fiabilidad acompaña a su ambiciosa ficha técnica, la Jarv-E podría marcar el inicio de una nueva era en las trialeras más oscuras del mundo.
